martes, 24 de abril de 2018

El 40% de las especies de ave pierde población

Una de cada ocho especies está en riesgo de extinción, según SEO Birdlife.

Un ejemplar de tórtola europea, ave común en España donde ha perdido un 25% de población desde 1998.
Un ejemplar de tórtola europea, ave común en España donde ha perdido un 25% de población desde 1998. REVITAL SALOMON
La vida de la tórtola europea (Streptopelia turtur) es todo un recorrer miles de kilómetros, rumbo a África en otoño y camino del norte en primavera, a la búsqueda del ambiente más adecuado para vivir. Esta especie de ave, de la que en Europa se encuentran millones de ejemplares, en las últimas dos décadas ha perdido población de forma considerable: tan solo en España, un 25%, según un informe de la ONG SEO Birdlife. La tórtola sufre los efectos nocivos que actividades como la agricultura intensiva, la deforestación o el uso de insecticidas generan sobre su hábitat. Como esta, hay miles de especies de pájaro afectadas por las acciones del hombre. Un 40% de las casi 11.000 especies existentes en el mundo ha perdido población desde 1988, según SEO Birdlife. Una de cada ocho está en peligro de extinción, subraya la organización.
La tórtola europea pasa por muchos hábitats con distintas características conectados entre ellos. Por ejemplo, necesita vegetación de ríos y humedales para nidificar y cultivos de cereales o de girasoles para alimentarse, explica Ana Carricondo, responsable de programas de conservación de Seo Birdlife. Pero la presencia de estos elementos se está viendo afectada por la actividad del ser humano en muchas de las áreas en las que vive.
Los bosques de ribera se han reducido. Los cultivos intensivos de un único producto y el uso de sustancias dañinas como los insecticidas disminuyen la variedad de recursos que la tórtola necesita para nutrirse. Los efectos del cambio climático sobre los ciclos naturales afectan sus rutas migratorias tradicionales. Por esas razones, aves como este son un buen ejemplo de cómo "la degradación ambiental del planeta en general acaban repercutiendo en una pérdida de población masiva" de individuos de una especie, afirma Carricondo. 
Las prácticas agrícolas "insostenibles" representan el enemigo número uno para las aves, según Seo Birdlife. Un 74% de las especies en peligro de extinción (1.091 de 1.469) sufre los daños derivados de esta actividad humana. Carricondo detalla que en las áreas en vías de desarrollo el fenómeno que más afecta al hábitat de los pájaros es la expansión de las superficies cultivables para hacer frente al crecimiento de la población. En los países europeos o en Norte América, el problema principal es la intensificación de los cultivos y el uso de productos químicos y otros agentes para aumentar la productividad. Estas acciones "llegan a un límite en el que la agricultura ya está totalmente desvinculada de la naturaleza", explica Carricondo.
También la deforestación tiene un impacto devastador para las aves en muchas áreas del planeta. En el mundo una de cada dos especies en peligro de extinción está afectada por esta acción del hombre, sobre todo en zonas tropicales, apunta SEO Birdlife. Las especies invasoras, que pueden desequilibrar el ecosistema de un sitio si introducidas donde no suelen vivir, amenazan a un 39% de las aves en extinción. Otra causa de pérdida de población de los pájaros es la caza, una actividad que empeora las condiciones de vida de un 35% de las especies ya en riesgo de desaparecer.

El cambio climático preocupa

El cambio climático es un fenómeno emergente que provoca muchos problemas en la vida de los pájaros, explica la ONG en su informe. Algunas zonas del planeta están ya gravemente condicionadas por las consecuencias del calentamiento global y algunas especies sufren daños por las modificaciones de los ciclos migratorios o los desequilibrios que se crean entre depredadores, presas y competidores. Un tercio de las especies en situación más vulnerable está afectado por los cambios climáticos y muchas de ellas pierden población por eso.
Solo el 7% de las especies de aves en el mundo ha visto su población crecer en los últimos 30 años. Un 44% se ha mantenido estable, pero casi la mitad ha sufrido un declive de ejemplares. Carricondo explica que las especies más en peligro, como el urogallo o el águila imperial entre las existentes también en España, requieren actuaciones directas, es decir, la protección de las áreas de reproducción y un suministro básico de alimentación. Pero se puede hacer mucho más y no limitar las intervenciones a las situaciones más graves, sostiene Carricondo.
"No hay actividad humana inocua. No podemos evitar eso, pero sí minimizar sus impactos", afirma la responsable de programas de conservación de SEO Birdlife. Fomentar una producción agraria más variada, mantener y cuidar zonas forestales diversificadas y estabilizar los ecosistemas son algunas de las pistas que sugiere. "No es una cuestión de proteger las aves porque sí, sino porque forman parte de un ecosistema que nos da recursos", concluye Carricondo.

2º BACHILLERATO. ADN E INGENIERIA GENÉTICA


2º BACHILLERATO . MUTACIONES


lunes, 23 de abril de 2018

Día de la Tierra: el futuro del planeta está en nuestras manos

La conservación y protección de la biodiversidad marcan esta fecha en la que numerosos países realizan actividades para hacer un uso responsable de los recursos naturales

Día de la Tierra
Día de la Tierra  AP
El Día de la Tierra intenta concienciar al mundo, cada 22 de abril, de la necesidad de proteger el medio ambiente y de la conservación de la biodiversidad. Todos los días deberían ser el Día de la Tierra, pero por desgracia, la vorágine consumista que nos envuelve nos hace olvidar con demasiada facilidad problemas que comienzan a ser graves para el planeta como la superpoblación, la contaminación y el uso responsable de los recursos naturales.
Estamos a tiempo de que un cambio de mentalidad y de hábitos facilite y mejore la situación para las generaciones venideras. Cientos de ejemplos que conocemos, y que no siempre ponemos en práctica, contribuyen a hacer más sostenible y habitable el planeta. De hecho, la mejor herencia que podemos dejar a los jóvenes es un planeta habitable, porque la Tierra no pertenece a los humanos, sino que son estos los que pertenecen a la Tierra.
Naciones Unidas decidió designar el 22 de abril como el Día de la Tierra para reconocer que el planeta que habitamos, con sus ecosistemas, es el hogar de la humanidad y que, para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de los habitantes del planeta y las futuras generaciones, es necesario promover la armonía con la naturaleza y la Tierra.
El Día de la Tierra es una jornada festiva celebrada en muchos países. Su promotor, el senador estadounidense Gaylord Nelson, instauró este día para crear una conciencia común a los problemas de la contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra. El origen de esta conmemoración se sitúa en 1970, año en el que se inició un movimiento medioambiental en Estados Unidos que sacó a la calle a 20 millones de personas para luchar por un entorno más saludable.
Tras esta manifestación se logró concienciar a los políticos sobre la importancia de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente, y se creó la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos. Esta asociación se encarga de las leyes para conseguir aire limpio, agua potable y conservar especies en peligro de extinción.
El lema de Naciones Unidas para el Día de la Tierra de este año es “Terminar con la contaminación de los plásticos”. La ONU invita a todos los Estados miembros, organizaciones internacionales, regionales y subregionales, a la sociedad civil y a las ONG a crear conciencia sobre este día. Para ello son numerosas las actividades de información y sensibilización que tienen lugar alrededor de esta fecha en todo el mundo.
Desde hace casi 50 años, los organismos internacionales y los países intentan crear una conciencia medioambiental para preservar el planeta. Fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano de 1972 celebrada en Estocolmo la que sentó las bases de la toma de conciencia mundial sobre la relación de interdependencia entre los seres humanos, otros seres vivos y nuestro planeta. Asimismo, el 5 de junio se estableció como el Día Mundial del Medio Ambiente y se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la agencia de la ONU encargada de establecer la agenda ambiental a nivel global.
En 1992, más de 178 países firmaron la Agenda 21, la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, y la Declaración de Principios para la Gestión Sostenible de los Bosques en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo UNCED.
En el año 2005, la Asamblea General declaró 2008 como el Año Internacional del Planeta Tierra para promover la enseñanza de las ciencias de la Tierra y facilitar a la humanidad los instrumentos necesarios para el uso sostenible de los recursos naturales.
En 2012 se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, también conocida como Río+20. Su resultado fue un documento que contenía medidas y prácticas para un desarrollo sostenible. Además, en Río los Estados Miembros decidieron emprender un proceso para establecer los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que se basarían en los Objetivos de Desarrollo del Milenio y coincidirían con la Agenda para el desarrollo después de 2015.
Celebramos el Día de la Tierra para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y nos proporcionan las materias primas para subsistir. Con este día asumimos, además, la responsabilidad colectiva, como nos recordaba la Declaración de Río de 1992, de fomentar esta armonía con la naturaleza y la Madre Tierra, porque “Madre Tierra” es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos.
Este año, además, se celebra el ‘Octavo Diálogo sobre armonía con la Naturaleza’ en la sede de la ONU de Nueva York. Este diálogo interactivo es una buena plataforma para tratar temas como la producción sostenible y los patrones de consumo en la armonía con la naturaleza. Asimismo, el diálogo quiere fomentar que los ciudadanos y las sociedades se conciencien sobre cómo se relacionan y cómo pueden relacionarse mejor con el mundo natural.
Este Día de la Tierra se centra en reciclar el plástico que llena y contamina nuestros océanos y hábitats matando a miles de animales cada día. Sin embargo, el Día de la Tierra es mucho más que eso, y hay cientos de maneras de involucrarse. La doctora Jane Goodall comparte este año un mensaje para mostrar el camino para hacer crecer un mundo más verde y más azul.
Nacida el 3 de abril de 1934 en Londres, Inglaterra, Jane Goodall siempre soñó con vivir entre animales en África. A los 26 años persiguió con pasión su sueño y viajó a Tanzania, donde comenzó su estudio de referencia de los chimpancés sumergiéndose en su hábitat como si fuera un miembro más de su comunidad en lugar de un observador desde la distancia. Su descubrimiento en 1960 de que los chimpancés fabrican y usan herramientas sacudió el mundo científico y redefinió la relación entre los humanos y el resto del reino animal.
Nombrada Mensajera de la Paz de la ONU, dama del Imperio Británico y Fundadora del Instituto que lleva su nombre, la doctora Goodall recorre el mundo durante casi 300 días al año para hablar sobre las amenazas a las que se enfrentan los chimpancés, las crisis ambientales y sus motivos de esperanza para hacer del mundo un planeta más habitable y sostenible con sencillos consejos que pueden convertirnos, a cada uno de nosotros, en un héroe medioambiental.
Por si aún no te has planteado nunca todo lo que puedes hacer por contribuir al cuidado de la Tierra, aquí van unos simples consejos:
  • Utilizar bombillas de bajo consumo e invertir en LED.
  • Descartar los cubiertos de plástico.
  • Utilizar la bicicleta como transporte.
  • Apostar por las energías renovables.
  • Aportar vida a la naturaleza plantando al menos un árbol.
  • Visitar un parque nacional o zona reserva de la biosfera para admirar y concienciarse de su belleza e interconexión entre todos los elementos.
  • Reciclar y conocer qué es biodegradable y qué no.
  • No utilizar bolsas de plástico y, si se tienen que usar, reciclarlas.
  • Calcular la huella de Carbono. Con la ayuda de un calculador de carbono se puede conocer cuál es la contribución personal al calentamiento global y de este modo poner remedio y reducir la propia contaminación.
Aunque tal vez el consejo más efectivo sea el de concienciarnos que todos los días son el Día de la Tierra para comprometernos con el medio ambiente y el futuro de la humanidad.

domingo, 22 de abril de 2018

22 de abril: Día Mundial de una Tierra… amenazada

Comunicado de prensa - abril 21, 2017
• Greenpeace destaca las siete amenazas medioambientales a las que se enfrenta el planeta

• Cambio climático, destrucción de mares y bosques y gobernantes que no apuestan por defender el medio ambiente son algunos de los principales peligros

El Día de la Tierra (22 de abril) debe ser una fecha para rendir homenaje al planeta. Sin embargo, en este 2017 no parece haber muchos motivos para la celebración. Empezábamos el año con la investidura del 'antiambientalista' Donald Trump como presidente del segundo país más contaminante del mundo y, tan sólo cuatro meses después, en nuestro país se anunciaba el recorte del 45% a los presupuestos destinados al cambio climático. Así las cosas, desde Greenpeace no podemos sino aprovechar este Día de la Tierra para poner el foco en siete de las principales amenazas medioambientales del momento que, inevitablemente, empeorarán si no se toman medidas oportunas y urgentes.
El año 2016 ha sido el más caluroso desde que se tiene constancia (1880), con récords de temperaturas constantes. El uso de energía procedente de combustibles fósiles ha hecho que la temperatura en España se haya incrementado en 1,5 grados en las últimas tres décadas y se prevé que aumente entre 1 y 6 grados para final de nuestro siglo.

A este riesgo sin precedentes, hay que sumar el que supone la energía nuclear. Muchas de nuestras centrales están obsoletas y son peligrosas (este mismo mes de abril, Almaraz acumulaba sendos fallos en sus dos reactores en tan solo 48 horas). Y, por si fuera poco, no sólo pagamos los costes de operación a las compañías que suministran electricidad, combustibles o carburantes, sino que además estamos obligados por ley a pagar los costes de los daños que producen y finalmente ser quienes vivimos enfermos por la contaminación, a la vez que perdemos nuestros ecosistemas. 
Pero en Greenpeace sabemos que, gracias al uso de las renovables, otra energía es posible. Y estamos a tiempo. Por eso estamos trabajando en la futura Ley de Cambio Climático. Pedimos el cierre de las térmicas de carbón y nucleares y, entre otras cosas, estamos llevando a cabo una recogida de firmas exigiendo al Gobierno el fin de todas las subvenciones a los combustibles fósiles y que trabaje con urgencia por un sistema energético 100% renovable, eficiente, inteligente y democrático. (Ver Informes de Revolución Energética)
Desaparecen las abejas y con ellas nuestra comida 
El próximo mes de mayo la Comisión Europea podría decidir si se prohíben o no algunos insecticidas neonicotinoides que son una de las principales causas de que, en los últimos 30 años, ya se haya reducido en más de un 25% la población de abejas en Europa. Se trata de un problema muy serio, teniendo en cuenta que las abejas, y otros insectos polinizadores, son responsables de más del 70% de la polinización de los cultivos que consumimos.

Greenpeace, junto con más de 40 entidades ecologistas, del sector apícola y agrarias, firmaban el mes pasado una carta abierta pidiendo a la ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, su apoyo a la prohibición total de tres insecticidas neonicotinoides (imidacloprid, clotianidina y el tiametoxam), de los que existen evidencias de su peligrosidad. Greenpeace está recogiendo firmas en este momento para concienciar a la sociedad y trasladar al gobierno la voluntad de la ciudadanía sobre la protección de los polinizadores.
Mares de plástico 
Por si fuera poco, la sobrepesca que padecen nuestros mares (más del 85% de poblaciones de peces en el Mediterráneo y el 40% en el Atlántico están sobreexplotadas), se enfrentan también a una avalancha de plásticos de 8 millones de toneladas anuales, lo que equivale, por ejemplo, a 800 veces el peso de la Torre Eiffel. El crecimiento del plástico es tan incesante que para 2020 su ritmo de producción habrá aumentado un 900% con respecto a 1980. Los plásticos que llegan al mar, además de matar a miles de animales por asfixia u otras causas, están siendo ingeridos por pescados y mariscos que, posteriormente, comemos los humanos. El actual sistema de gestión de residuos ya no es capaz de dar respuesta al creciente abandono de plásticos y no se están tomando las medidas necesarias para controlarlo.

Queremos unos océanos vivos y limpios. Por eso Greenpeace tiene en marcha la campaña ‘Mejor sin plásticos’ cuyo objetivo es visibilizar la problemática de los plásticos en mares y océanos y demandar soluciones como la prohibición de microesferas de plástico o fomentar medidas basadas en la economía circular de reutilización. La organización ha hecho público su informe Plásticos en el pescado y el marisco, que reúne las últimas investigaciones científicas e identifica los principales riesgos actuales.
Menos verde 
Este año parece haber vuelto con fuerza a la opinión pública el debate sobre el consumo humano de aceite de palma pero, tras este cultivo tropical, hay un grave problema medioambiental. El Parlamento Europeo señalaba, a principios de este mes, la demanda internacional de aceite de palma como uno de los principales causantes de la deforestación en países como Indonesia. Este aceite se ha convertido en el más utilizado del mundo (cada ciudadano europeo consume unos 60 kg al año), por lo que su demanda ha disparado el cultivo. Países como Indonesia, el principal productor mundial, ha perdido ya más de un millón y medio de hectáreas por su plantación (unas dos veces la extensión de Alemania), disparando la emisión de gases de efecto invernadero. Se da la paradoja que el 50% de las importaciones de aceite de palma de la UE se destinan al sector del transporte, a los mal llamados biocarburantes. Además de este sector, son cómplices del problema los gigantes de la alimentación mundial y algunas entidades financieras que apoyan este sector.

En Greenpeace pedimos a la UE que abandone su apoyo al biodiesel y otros biocarburantes con aceite de palma. También, estamos demandando a los grandes comerciantes y empresas consumidoras de aceite de palma que sólo trabajen con empresas no implicadas en procesos de deforestación y, al sector financiero, que establezca criterios de sostenibilidad para su financiación. En una investigación de Greenpeace publicada en noviembre de 2015, propusimos al sector privado del aceite de palma la elaboración de un plan de prevención de incendios que incluía la restauración y protección de las turberas y el cese inmediato de la deforestación. Unos 250.000 ciudadanos pidieron ya entonces al presidente de Indonesia que no siguiera permitiendo la quema de bosques por parte de estas empresas.
Consumiéndonos 
Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, si continuamos con la actual pauta de consumo, y con el probable aumento de la población mundial a más de 9.000 millones de personas, harían falta tres planetas para mantener los actuales patrones de vida y consumo de los países enriquecidos. Nuestras tendencias actuales de consumo están contribuyendo a la destrucción de los recursos naturales del planeta. Sólo a modo de ejemplo, el consumo de langostinos ha provocado la desaparición de los bosques costeros de manglares de Ecuador. Su extracción provoca la muerte de 150.000 tortugas al año. (Un kilo de langostinos provoca que 20 kg de otras especies mueran y se arrojen al mar).

Desde Greenpeace insistimos en que muchos problemas medioambientales de nuestro planeta aún son reversibles y, la mayoría, pasan por un compromiso individual. Los pasos hacia un consumo respetuoso con el medio ambiente están a nuestro alcance y por eso Greenpeace genera periódicamente guías para reducir nuestro impacto, mediante decisiones como la compra responsable de madera, el consumo de pescado de temporada, la elección de alimentos o transportes… etc.
Guerra y paz 
Según el artículo 8.1. de la ley española sobre comercio de armas, las autorizaciones de exportación de armas serán denegadas “cuando existan indicios racionales de que puedan ser empleadas en acciones que perturben la paz”. Sin embargo, existen, por ejemplo, denuncias sobre la presencia en manos de rebeldes huzíes en Yemen de granadas Alhambra y lanzagranadas C90-CR fabricados por la empresa española Instalaza. Sólo entre 2012 y 2014, las exportaciones de armas autorizadas por el Gobierno español ascendieron a 16.824,6 millones de euros y el volumen de las exportaciones realizadas superó los 9.702,81 millones de euros, consolidando así la tendencia al alza de las exportaciones de armas españolas de la última década, en que las exportaciones se multiplicaron por 10.

Greenpeace apuesta desde sus orígenes por un mundo en paz. Por eso participa en campañas como Armas Bajo Control para denunciar la venta ilegal de armas. España podría convertirse en cómplice de la comisión de atrocidades en algunos conflictos armados, debido al riesgo manifiesto de que armamento de origen español pueda utilizarse para llevar a cabo ataques militares directos a la población civil.
Trump and friends 
Empezábamos el año con la investidura de Donald Trump como presidente de EEUU. Pero no es el único; en nuestro propio país, el Gobierno de Mariano Rajoy anunciaba este mes el recorte del 45% en los presupuestos destinados al cambio climático. Por otro lado, los acuerdos de comercio e inversión que están negociando algunos estados (como el CETA) suponen una injerencia sobre la soberanía de los parlamentos nacionales, autonómicos y municipales. Si estos acuerdos se llegan a firmar, no solo perderá la democracia y el derecho a regular, sino que también se resentirán nuestros derechos como consumidores.

Greenpeace cree que, si seguimos unidos como una comunidad global, los políticos y las corporaciones no pueden interponerse en el camino de nuestro trabajo para construir un mundo pacífico, justo y verde. Greenpeace, que publica periódicamente estudios sobre las políticas nacionales y transnacionales en materia medioambiental, ha estado usando la no-violencia para resistir ante este tipo de políticas desde 1971 y va a continuar trabajando por un futuro verde y en paz.