martes, 23 de febrero de 2016

El mar se elevó en el siglo XX más rápido que en los 3.000 años anteriores

Las aguas subirán hasta un metro este siglo si no se reducen las emisiones en las próximas décadas

Los humedales de Newfoundland, Canadá, han registrado una de las mayores elevaciones regionales del nivel del mar. BEN HORTON | VÍDEO: EL PAÍS - QUALITY
La subida del nivel del mar es para la comunidad científica actual tan verdad como que la Tierra giraba alrededor del Sol para Bruno y Galileo. Sin embargo, no hay el mismo consenso sobre el origen de esta elevación y, en especial, el ritmo al que las aguas suben. Ahora, dos estudios paralelos han mirado al pasado y al futuro de los océanos. Hacia atrás, el mar subió en el siglo XX más rápido que en los 3.000 años precedentes. Para adelante, si no se reducen las emisiones de forma drástica y ya, el nivel del mar podría ascender alrededor de un metro en lo que queda de siglo.
A los sucesivos trabajos que han ido cifrando la elevación del mar a escala planetaria les faltaba contexto. Dar una cifra sin situarla en el marco de la historia del planeta, apenas informa sobre la gravedad o normalidad de ese ascenso o sobre el papel de los humanos en él. Por eso, el trabajo realizado por una decena de investigadores de otras tantas universidades es novedoso: cifran los centímetros que ha subido el mar en los últimos siglos llegando hasta el presente.
Usando datos de 24 localizaciones, entre ellas Muskiz y Urdaibai en la costa vasca española, del rastro que ha ido dejando el mar en la tierra, los investigadores publican en la revista PNAS cuánto ha cambiado el nivel del mar en los últimos tres milenios. Para confirmar sus estimaciones, usaron 66 registros de mareas de todos los continentes, con algunos que se remontan a 1700. Con esos 300 años pudieron validar sus cálculos para el resto del periodo.
El nivel del mar subió el siglo pasado 14 cm y podría subir hasta un metro en lo que queda de siglo XXI
"La elevación en el siglo XX fue extraordinaria en el contexto de los últimos 3.000 años", explica en una nota el profesor de ciencias de la tierra de la universidad Rutgers (EE UU) y principal autor del estudio, Robert Kopp. En concreto, y siempre con cierto grado de incertidumbre, el nivel del mar subió el siglo pasado en 14 centímetros. La cifra, sin el contexto, puede parecer pequeña. Pero casi dobla el máximo alcanzado en 2700 años. Es decir, más que la elevación total, lo que alarma es la velocidad con lo que lo ha hecho.
El estudio muestra además otro fenómeno que agrava esos 14 centímetros. Desde el inicio de la Era Común, hace 2.000 años, el nivel del mar ha variado mucho con el paso del tiempo pero para acabar donde estaba. Hasta el siglo VIII, el mar se elevó muy lentamente unos 7 centímetros. Pero desde entonces, y en particular a partir del año 1000, el agua no dejó de descender hasta repuntar en el XIX.
Las variaciones responden, según los autores del estudio, a los cambios en la temperatura media global. Así, del 1000 al 1400, periodo en el que el planeta se enfrió unos 0,2º, los océanos se elevaron unos 8 centímetros. Por eso, el calentamiento global iniciado con la Revolución Industrial coincide también con el acelerado proceso de subida del nivel del mar, una subida que, como recuerda Kopp, "aún ha ido más rápida en las últimas dos décadas". De hecho, según los autores, si se eliminara el cambio climático de la ecuación, el nivel del mar no habría aumentado, sino descendido.
Un segundo trabajo, también publicado en PNAS, mira hacia adelante. Partiendo de la evolución del nivel del mar, investigadores Instituto para la Investigación del Impacto Climático de Postdam (PIK, Alemania) y el español Instituto de Geociencias del CSIC, han proyectado hasta dónde subirán las aguas en lo que queda de siglo empujadas por el aumento de la temperatura fruto del calentamiento global.
"No podemos impedir que el mar suba, pero podríamos reducir su ritmo si dejamos de usar combustibles fósiles"
 ANDERS LEVERMANN, CIENTÍFICO DEL INSTITUTO PARA LA INVESTIGACIÓN DEL IMPACTO CLIMÁTICO DE POSTDAM
Aún si se lograran los objetivos de reducción de emisiones firmados en laCumbre de París, el nivel del mar se elevará entre 20 y 60 centímetros. Y eso en el escenario más positivo. En el caso de que ni siquiera se cumpla con lo acordado en la capital gala, los océanos podrían elevarse entre 85 y 130 centímetros.
"Con tantos gases de efecto invernadero ya emitidos, no podemos impedir que los mares se eleven, pero podríamos reducir sustancialmente el ritmo al que suben si dejamos de usar combustibles fósiles", sostiene el investigador del PIK y coautor de la investigación, Anders Levermann.
El estudio, además, señala las principales fuentes del aumento del nivel del mar, dando una estimación de su grado de responsabilidad. Así, tienen en cuenta la expansión térmica. Al aumentar la temperatura, las aguas se calientan y un agua más caliente se expande. Este fenómeno aportará entre 15 y 19 centímetros para 2100, según el escenario de emisiones que se haya logrado para entonces.
Por su parte, el deshielo de los glaciares de las grandes cordilleras podría aportar hasta 11 cm de elevación marina. La pérdida de masa helada y la descarga de sus glaciares harán que Groenlandia aporte otros 27 cm en el peor de los casos. Conla Antártida, los investigadores reconocen tener más difícil modelar su evolución, pero barajan una horquilla de aportación de entre 6 y 13 centímetros. Los cuatro orígenes del aumento del nivel del mar pareen tener, en todo caso, la misma fuente: el calentamiento global antropogénico.

La Olimpiada Española de Biología (OEB) es un certamen donde nuestros estudiantes de Bachillerato participan a través de sus comunidades autónomas. Los ganadores de los certámenes autonómicos acuden a la fase nacional, donde conviven y compiten más de 60 jóvenes durante tres o cuatro días. Los cuatro primeros representan a España en la fase internacional, y los cuatro segundos en la iberoamericana. El proyecto está a punto de hundirse. Con dificultades sin fin, la OEB ha ido encontrando financiación para sufragar los gastos de las fases nacional y, sobre todo, internacionales, pero este año se ha encontrado todas las puertas cerradas: ninguna institución en este país parece tener los 12.000 euros que cuesta anualmente mantener la OEB.
Si alguien no lo remedia, en las olimpiadas internacionales de 2016 no estará uno de los países supuestamente más desarrollados, el nuestro.— José Luis Viejo Montesinos.

martes, 9 de febrero de 2016

¿Por qué no borramos a los mosquitos de la faz de la Tierra?

Un profesor de Ecología de la Universidad inglesa de Northumbria explica qué pasaría si acabáramos con esta indeseable criaturOtros

Una criatura molesta. Chupasangre y fuente de contagio de enfermedades, es difícil de querer incluso para los amantes de la naturaleza. El temido mosquito es ahora el primer sospechoso de la repentina aparición y expansión del virus Zika en América central y del sur. El Zika se transmite por el mosquito Aedes aegypti,una especie tropical conocida por propagar enfermedades como la fiebre amarilla o el dengue.
Existen alrededor de unas 3.500 especies de mosquito, una cifra modesta para una familia de insectos, pero su impacto en el bienestar y la salud humana es catastrófico. La hembra de los mosquitos Anopheles transporta el parásito que causa más de 500 mil casos de malaria anualmente, mientras que el asiático mosquito Tigre, Ades albopictus, propaga el dengue y el virus chikugunya. Los mosquitos han sido vectores para enfermedades emergentes como el virus del Nilo Occidental y ahora Zika.
Los mosquitos causan más pérdidas y miseria a la humanidad que ningún otro organismo (con la obvia excepción de nosotros mismos). Los mosquitos son criaturas odiadas, nerviosas y molestas, sus larvas contaminan lagos y pantanos. Y si se dan las condiciones idóneas,son pioneros expansionistas, se sienten en casa en los hábitats alterados que creamos.
Esto nos lleva a plantear las siguientes preguntas: ¿Qué bien hacen estos dípteros? Y si pudiéramos exterminarlos de la faz de la Tierra, ¿deberíamos hacerlo?
Como apunta la ecóloga Sarah Fang, el consenso es que los mosquitos no hacen nada particularmente bueno que pudiéramos echar en falta. Si los juzgamos teniendo en cuenta la dulce pero evocadora idea del ecólogo Charles Elton de que cada criatura de la Tierra tiene un lugar, del mismo modo que todos los pueblos tienen un elenco de personajes a los que les corresponde su sitio (carnicero, panadero, policía), quedaría un cabo suelto: que los mosquitos carecen de un propósito especial. Así que no los echaríamos de menos, ¿verdad?

Los amantes de los mosquitos discrepan

Podemos dividir los argumentos a favor de los mosquitos en dos categorías. El primero, que al ser tan numerosos se convierten en parte fundamental de la cadena alimenticia, sobre todo en las tundras árticas, donde durante las pocas semanas de verano eclosiona una gran cantidad de mosquitos que sirven de alimento a las aves migratorias que llegan al norte a explotar esta riqueza.
Fang también sugiere que las agresiones de mosquito pueden ser lo suficientemente feroces como para desviar las vías de migración del caribú o reno, cuya total libertad tendría consecuencias negativas tanto sobre el paisaje como los rebaños de pastoreo. En una relación inusualmente exacta entre los mosquitos y sus depredadores, un estudio sobre los pequeños murciélagos del bosque Vespadelus vultuernus, en el este de Australia, revela una fuerte dependencia en adultos al mosquito Aedes vigilax. Así que el hecho de que estos murciélagos los necesiten, puede ser un argumento para empezar a respetarlos.
Los mosquitos jóvenes son importantes en cadenas alimenticias acuáticas, como presa de especies como el pez mosquito, la Gambusia affinis o en los diminutos charcos de agua estancada en las hojas de las plantas carnívoras, arbustos y copas de los árboles. Una fauna muy reducida que habita esas hojas y ramas, como ranas venenosas y cangrejos, se alimenta de los cuerpos de larvas de mosquito que flotan en los charcos. Pero a pesar de las ranas venenosas y los murciélagos, que tienen su propio club de fans entre los ecologistas y amantes de la naturaleza, es poco probable influir en la mayoría de las personas para que se posicionen a favor de los mosquitos.
El segundo argumento es que los mosquitos prestan servicios ambientales, como la polinización que realiza el insecto adulto o la liberación de nutrientes que sucede cuando sus crías se alimentan de desechos orgánicos. Pero aunque losmosquitos pueden actuar como polinizadores de plantas como las orquídeas, no tienen el monopolio, no están especialmente diseñados para esta actividad y hay una gran cantidad de polinizadores que ocuparían su lugar.
Mientras que la reducción del número de abejas es un ejemplo que ilustra cómo dejar a un ecosistema en peligro, los mosquitos una incomprendida y poco estudiada parte más del proceso de polinización en el que participan muchos jugadores.

Y siguen discrepando

Como el explorador portugués João de Barras dijo de los trópicos: "Dios ha puesto a un impresionante ángel con una espada llameante de fiebres mortales [los mosquitos], que nos impide penetrar al interior de este jardín". 
Así que no parece haber ninguna buena razón para defender su existencia. Es más: destruirlos no solo nos abriría el camino, sino que libraría a la humanidad de una terrible maldición. A excepción de algo...
Toda la sangre nutritiva y caliente estaría disponible. Y hay otros muchos bichitos por ahí, como moscas negras y pulgas, que aguardan su momento para intervenir. Cuidado con lo que desea.

lunes, 8 de febrero de 2016

Mordedores de uñas, atención: lo próximo en caer serán los dientes

Este mal hábito puede afectar al intestino, las encías o la mandíbula. La estética es lo de menos

Antes de volver a morderse las uñas, piense que todos los gérmenes que se han ido acumulando bajo las mismas irán a parar a su boca: un análisis de las uñas de trabajadores de hospital desveló que los más frecuentes son Staphylococcus yCándida, y ambos pueden producir infecciones. Más allá del problema estético, la onicofagia (como se denomina en medicina a este hábito mordedor de la estructura de los dedos) produce daños colaterales en otras partes del organismo, como la boca y el intestino. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Medicina de Breslavia (Polonia), con 339 estudiantes, detectó peor calidad de vida entre quienes dentelleaban sus uñas. Según explica la doctora Rosa Ortega del Olmo, dermatóloga y profesora en la Universidad de Medicina de Granada, esta parte del cuerpo no es tóxica en sí misma, "lo que sí es dañino son los gérmenes o sustancias tóxicas que se hayan tocado y que pueden acumularse en esa zona".
El problema más frecuente de la onicofagia, según dice, es la alteración que produce en la anatomía de la uña (suele volverse más ancha y más corta), además de originar pequeñas heridas alrededor de ellas que, en ocasiones, llegan a infectarse. La deformidad en las mismas puede incluso confundirse con problemas más serios, como la artritis psoriásica, lo que dificulta el trabajo de diagnóstico de los médicos, tal y como se observa en este caso práctico publicado en la revista Reumatología Clínica. Pero, además, el hábito de morderse las uñas es el culpable de otras alteraciones que ni se le habían pasado por la cabeza.

NO REGAÑE A LOS NIÑOS

La onicofagia se considera un trastorno nervioso que puede ser tratado por el psicólogo o psiquiatra. "Lo recomendable es realizar un tratamiento multidisciplinar, con odontólogo y psicólogo, para obtener mejores resultados", dice la doctora Anna Medvedeva, quien insiste en que es esencial que el sujeto esté dispuesto a abandonar el mordisqueo para tener éxito. También aconseja que, en momentos de estrés o ansiedad que inciten a morderse las uñas, se utilicen sustitutos, como masticar chicle sin azúcar o mantener las manos ocupadas con cualquier objeto. Otra de las sugerencuas de esta especialista es poner atención en el cuidado de las manos y de las uñas (manicura) y llevar siempre una lima de cristal, de venta en farmacias, para eliminar pequeñas roturas en las mismas y no caer en la tentación de morderlas. Además, existen productos que se aplican sobre las uñas varias veces al día y cuyo sabor amargo puede ayudar a eliminar el hábito. La dermatóloga Rosa Ortega del Olmo también insiste en un punto: "No regañar a los niños, porque, al ser un problema de origen psicológico, puede haber un efecto rebote, es decir, al provocarles angustia, se las muerden más. Lo ideal es utilizar refuerzos positivos: premiar al niño cuando no se las muerda".

1. Heridas en dedos

Las personas que se muerden las uñas de forma constante llegan a lesionar el lecho ungueal (tejido sobre el que asientan las mismas) y, según cuenta Anna Medvedeva, médico de familia y miembro del Grupo de Trabajo de Dermatología de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria(SEMERGEN), "quienes presentan el hábito más agresivo pueden provocar hemorragias subungueales que llevan a la pérdida de toda la uña", aunque también matiza que, por lo general, vuelve a crecer. Esta manía suele producir heridas en los dedos, que en ocasiones se infectan. En función del aspecto, explica la doctora Ortega del Olmo, se sabe qué tipo de germen ha causado el brote: "En general, si es por bacterias, aparecerá pus (líquido amarillento) y, si es por virus, se formará una verruga (elevación de la piel); también se puede contagiar con herpes, y en este caso aparece una herida redonda y roja, o incluso con hongos (Cándida), que producen inflamación y secreción blanquecina". Y alerta de que todos estos gérmenes pueden pasar a los labios y a la mucosa labial.

2. Infecciones intestinales

La onicofagia favorece el contagio de parásitos intestinales, sobre todo en los niños, población en la que es muy frecuente. Según la Asociación Española de Pediatría, existen hasta once tipos de parásitos. Uno de los más conocidos es eloxiuro, popularmente conocido como lombriz, un parásito blanco y muy delgado que vive en nuestro cuerpo: "Sus huevos, que no son visibles al ojo humano, pueden estar bajo las uñas; y, al morderlas, pasan al aparato digestivo y lo colonizan. El principal síntoma es el picor que producen en la zona anal. Si el niño se rasca, vuelve a infectarse y lo contagia a otras personas", explica la doctora Anna Medvedeva. Hay que tener en cuenta que, según los datos que manejan los especialistas, el hábito de morderse las uñas es mayor entre la población infantil: "Afecta al 45% de los niños y al 10% de los adultos, suele comenzar a los 4–6 años y aumenta hasta los 11 años, momento en que inicia el descenso", aclara la dermatóloga Ortega del Olmo.

2. Desgaste de dientes

Otra consecuencia de morderse las uñas es el desgaste de los dientes, en concreto, de los incisivos superiores e inferiores: "Provoca microtraumatismos que desprenden partículas de esmalte, lo cual hace que las piezas se vayan recortando. En casos severos, puede haber microfracturas del borde incisal (borde de los incisivos)", afirma Samia Recio Conde, odontóloga y especialista en ortodoncia en la Clínica Valrestón, en Madrid. La especialista también menciona otros problemas: el apiñamiento de las piezas dentales, originado por la presión que se ejerce sobre los dientes al morderse las uñas de forma continua y cuya solución pasa por colocar un aparato de ortodoncia para que vuelvan a su lugar; y el desprendimiento de los empastes: "Si existen reconstrucciones en los incisivos superiores e inferiores, pueden romperse por la presión de los dedos y por el mordisqueo continuo que hacen que los dientes choquen entre si", dice.

3. Alteración en la mandíbula

Un estudio realizado en la India con 240 adolescentes encontró asociación entre el hábito de morderse las uñas y trastornos en la mandíbula que suelen producir dolor y problemas al masticar. También lo confirma la odontóloga Samia Recio: "Es un problema que sí vemos en la consulta: la posición forzada de la mandíbula al morderse las uñas puede provocar alteraciones en la articulación temporomandibular, ocasionando ruidos al morder y dolor". Según explica la especialista, existen férulas transparentes que cubren todos los dientes para evitar que el paciente se las muerda.

4. Lesión en encías

Al mordisquear la uña pueden clavarse pequeños trozos de las mismas entre la encía y el diente, produciendo lesiones que, en los casos más graves, dan lugar a gingivitis (inflamación de las encías) y enfermedad periodontal (inflamación y sangrado de la encía y mal aliento). "En estos casos, es necesario aplicar antibióticos y realizar raspados en la zona, además de limpieza", indica la odontóloga.

miércoles, 3 de febrero de 2016


Así dejamos de ser invertebrados

El ADN de un animal parecido a un filete de anchoa ilumina la aparición de las extremidades





Un anfioxo en un laboratorio de la Universidad de Colorado (EE UU). David Jandzik


Cada año, cientos de estudiantes de biología en EE UU se ponen en pie y le cantan a un bicho marino parecido a un filete de anchoa. “Hay un largo camino desde el anfioxo. Hay un largo camino hasta nosotros [...]. Es un adiós a las aletas y a las branquias, y es una bienvenida a los pulmones y al pelo. Hay un largo, largo camino desde el anfioxo, pero todos venimos de allí”, proclama la letra, compuesta en 1921sobre una melodía de music hallpopularizada por el Ejército Británico durante la Primera Guerra Mundial.
¿Qué diablos es ese bicho del que supuestamente todos venimos y al que se canta desde hace casi un siglo? “Es un cefalocordado marino parecido a un gusano. Y es el animal invertebrado vivo más parecido al ancestro de todos los vertebrados”, explica José Luis Gómez-Skarmeta, investigador del CSIC en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Su equipo publica hoy un estudio que ilumina ese largo trecho desde el anfioxo hasta los seres humanos. Nuestro último ancestro común vivió hace 550 millones de años.
Casi cualquier persona puede intentar coger un anfioxo en su playa más cercana. Aparecen en aguas templadas y poco profundas, semihundidos en la arena. “Son, básicamente, como un vertebrado sin cabeza y sin extremidades”, resume Gómez-Skarmeta. La canción de 1921 da más claves sobre su importancia, a costa de sacrificar sus posibilidades de convertirse en el éxito del verano: “No tiene ojos ni mandíbula, ni cuerda nerviosa ventral [típica de los invertebrados]. Pero tiene un montón de hendiduras branquiales y una notocorda”. La letra no es precisamente pegadiza, pero es reveladora. En los humanos, la notocorda aparece cuando somos embriones, para ser posteriormente sustituida por nuestra columna vertebral. Contemplar al anfioxo es como ver una fotografía de la tatarabuela y darnos cuenta de que tenemos la misma nariz.

El anfioxo es el animal invertebrado vivo más parecido al ancestro de todos los vertebrados

Gómez-Skarmeta batalla en la tercera revolución de la genética. Primero se estudiaron los genes, que apenas representan el 5% de todo el ADN de un organismo. En ese 5% de nuestro genoma están las instrucciones para fabricar nuestras proteínas, desde la miosina de nuestros músculos a la hemoglobina que transporta el oxígeno en la sangre. La segunda revolución estudió el 95% restante del ADN, donde se encuentran los interruptores para apagar y encender los genes. Una trucha y un elefante están construidos básicamente con los mismos genes, pero cambian las instrucciones para utilizarlos. Y, finalmente, la tercera revolución investiga la estructura tridimensional del ADN, también clave para el funcionamiento de los genes.
“Si imaginamos que el ADN es un hilo de lana, alrededor de los genes se forman pequeños ovillos con los interruptores para apagarlos o encenderlos”, ilustra Gómez-Skarmeta. Su equipo se ha fijado en el complejo Hox, un conjunto de genes que desempeña un papel esencial para construir cualquier animal. “Los genes Hox son responsables del eje que va de la cabeza a la cola en todos los animales. También son responsables de la formación de las extremidades y, en realidad, de todo lo que cuelga y sale para fuera del cuerpo”, añade.
Su estudio, publicado hoy en la revista Nature Genetics, muestra que la estructura tridimensional del complejo Hox cambió en algún momento durante la transición de invertebrados a vertebrados. Los genes Hox se colocan en el genoma muy pegados unos a otros y rodeados de interruptores para regular su activación de manera extremadamente precisa. En los vertebrados, los genes Hox se reparten en dos tramos, con sendos ovillos de interruptores. Sin embargo, en nuestro pseudoancestro anfioxo el complejo Hox aparece en un solo ovillo. El grupo de Gómez-Skarmeta cree que hace cientos de millones de años comenzaron a aparecer nuevos interruptores en torno a los genes Hox al mismo tiempo que cambiaba su estructura tridimensional para evitar interferencias entre ellos. “Sin esta estructura tridimensional del complejo Hox no tendríamos ni piernas, ni brazos, ni pene”, expone el investigador. Seríamos, básicamente, como un filete de anchoa.