lunes, 3 de abril de 2017

La transferencia de genes entre especies creó el mundo moderno

La “revolución del oxígeno” que ocurrió hacia la mitad de la historia de la Tierra, mucho después de que hubiera vida, se debió a un acontecimiento genético

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Patrones de formaciones de cianobacterias y travertino, en una zona del Parque de Yellowstone, (EE UU).  GETTY IMAGES / LONELY PLANET IMAGES
Así como los historiadores piensan que conocer los siglos pasados es esencial para entender el presente, asimismo creen los evolucionistas que conocer la historia de la Tierra es la clave para comprender los procesos que nos han creado. Los biólogos saben que todos venimos de microbios humildes como las bacterias y las arqueas; y que, hacia la mitad de la historia del planeta, bacterias y arqueas se asociaron para crear la célula de la que estamos hechos por entero, la célula eucariota, el origen de la modernidad biológica. Los geólogos, entretanto, están intentando averiguar por qué. La gran pregunta.
Para los geólogos, el acontecimiento más importante de la historia de la Tierra es la “revolución del oxígeno” (great oxidation event), que transformó el planeta hacia la mitad de su historia (hace unos 2.300 millones de años). Este incremento del oxígeno atmosférico alcanzó unas cifras muy modestas (solo una pequeña fracción de los niveles actuales, que son del 21% de la atmósfera), pero dejó una huella profunda en el planeta, cuyas evidencias geológicas son aplastantes en los estratos de todo el mundo. ¿De dónde salió ese oxígeno?
Hay un acuerdo general en que ese oxígeno es producto de las cianobacterias, o bacterias fotosintéticas. Pero el nuevo estudio revela que no es así
Hay un acuerdo general en que ese oxígeno es producto de las cianobacterias, o bacterias fotosintéticas. La fotosíntesis es la energía fotovoltaica de la biología, el proceso que genera energía útil para la célula a partir de la luz solar. La luz se utiliza para romper el agua (H2O), y la célula utiliza el hidrógeno (H) para generar energía y libera el oxígeno (O) a la atmósfera. A las cianobacterias se las supone muy antiguas –tal vez entre las más antiguas de la Tierra— y algunos científicos piensan que su actividad lenta y tenaz acabó generando la revolución del oxígeno.
Un nuevo trabajo del geólogo Woodward Fisher y sus colegas del CalTech (Instituto Tecnológico de California en Pasadena) y la Universidad de Queensland, Australia, revela que no es así: las cianobacterias, o sus precursores, carecían por completo de la compleja habilidad de la fotosíntesis durante la primera mitad de la historia de la Tierra. Solo la adquirieron muy tarde, ya casi en tiempos de la revolución del oxígeno, y solo la adquirieron comprando los genes de otros microbios (técnicamente, transferencia genética horizontal, o HGT en sus siglas inglesas).
Fisher y sus colegas, que presentan su investigación en Science, están asombrados por la cercanía de esas dos fechas: la del origen relativamente tardío y rápido de las cianobacterias fotosintéticas, y la del “gran evento de oxidación”, o revolución del oxígeno que cambió el mundo. Muestran que la explicación más parsimoniosa de esa coincidencia es que la revolución del oxígeno se deba a la evolución de las bacterias fotosintéticas. Una causa biológica para un fenómeno geológico. Más aún: para el ‘gran’ fenómeno geológico de la historia del planeta.
Desde Darwin, los biólogos se suelen sentir más cómodos con los fenómenos lentos y graduales que con las (relativas) brusquedades que revela a menudo el registro geológico. El evolucionismo clásico se basa en la pequeña acumulación de variaciones mínimas, cada una con una pequeña ventaja en el entorno del momento, hasta consolidar un sistema complejo prodigioso como el ojo del águila, el cerebro humano o la fotosíntesis. Pero también hay otros mecanismos evolutivos más rápidos, y la transferencia de genes entre unas especies de bacterias y otras es el mejor demostrado de ellos.
Las cianobacterias carecían por completo de la compleja habilidad de la fotosíntesis durante la primera mitad de la historia de la Tierra. Y solo la adquirieron ‘comprando los genes’ de otros microbios
Sin embargo, que el origen de la revolución del oxígeno sea un suceso relativamente rápido de transferencia genética, o compra de genes por las cianobacterias, plantea una nueva cuestión clave: ¿quién se los vendió? ¿Qué otro microorganismo tuvo la gentileza de donar sus genes fotosintéticos al precursor de las cianobacterias y cambiar así el mundo?
“Esa es una gran pregunta”, responde en un correo electrónico el jefe de la investigación, Woodward Fisher, “pero no tiene respuesta por el momento; es bien notable que ahora podamos afirmar con certeza que aquel suceso de transferencia de genes fue importante [para la revolución del oxígeno], pero el taxón de bacterias que donó los genes fotosintéticos no está claro todavía”.
“Es tentador”, prosigue el científico del CalTech, “pensar que alguno de los otros filos [grandes grupos bacterianos] capaces de un tipo de fotosíntesis que no produce oxígeno [fotosíntesis anoxigénica], y hay seis para elegir, donaron los genes, y luego las cianobacterias receptoras embellecieron ese metabolismo al añadirle la habilidad de romper el agua y producir oxígeno; pero si miras en detalle las relaciones evolutivas entre esos grupos, no obtienes una historia clara de la evolución de la fotosíntesis”.
La investigación muestra más bien que la fotosíntesis es lo que los evolucionistas llaman un “carácter derivado”, una propiedad que no es ancestral en las cianobacterias, y que por tanto no parece que puedan haber ido perfeccionando gradualmente con el paso del tiempo, sino una que han adquirido tarde y de forma secundaria. Y eso en los seis grandes grupos bacterianos que muestran algún tipo de fotosíntesis, aunque no produzca oxígeno. Todos ellos parecen haber comprado sus genes fotovoltaicos. ¿Quién se los vendió?
A pesar del mito persistente, el oxígeno no es una precondición de la vida. La vida prosperó durante la primera mitad de su historia en la completa ausencia de oxígeno. Los culpables de que haya oxígeno en nuestro planeta son seres vivos
“Puede que descubramos más grupos de microbios fotosintéticos”, responde Fisher, “y los enfoques metagenómicos [como sacar un cubo de agua del mar y secuenciar el ADN de todo lo que haya allí] dejan claro que solo hemos empezado a arañar la superficie de la diversidad microbiana; pero igual de posible es que el grupo de microbios que donó los genes fotosintéticos se extinguiera hace mucho”. Un triste final para el hacedor de nuestro mundo, ¿no es cierto?
Pese a lo fragoroso de su nombre, la gran revolución del oxígeno no alcanzó unos valores ni parecidos a los actuales (21% de la atmósfera). Eso solo ocurrió hace unos 600 millones de años, en los prolegómenos de la explosión cámbrica, el corto periodo de innovación evolutiva que nos vio nacer a todos los animales.
A pesar del mito persistente, el oxígeno no es una precondición de la vida. La vida prosperó durante la primera mitad de su historia en la completa ausencia de ese gas. Los culpables de que haya oxígeno en nuestro planeta son seres vivos. Y tal vez estén ya extintos.

jueves, 16 de marzo de 2017

Maíz transgénico contra una toxina cancerígena

El cereal modificado bloquea la aparición de aflatoxinas en los hongos que contaminan las cosechas

Granos de maíz con 'Aspergillus'. MONICA SCHMIDT
Investigadores de EE UU han modificado un gen del maíz que bloquea la aparición de toxinas en dos hongos que crecen en las mazorcas. Además de diezmar las cosechas, esta toxina es uno de los agentes carcinógenos más potentes y, en especial en los países menos desarrollados, provoca miles de muertes, en particular de niños. El estudio mostró que, mientras el maíz convencional tenía una alta concentración de la toxina, los granos transgénicos,no.
Cereales, como el maíz o el trigo, y frutos secos, como las nueces, los cacahuetes o los pistachos, tienen que lidiar con diversas especies de hongos. Pero hay dos especialmente peligrosas, el Aspergillus flavus y el Aspergillus parasiticus. Durante su metabolismo, ambos generan aflatoxinas que envenenan el fruto. En humanos, estas micotoxinas están relacionadas con la aparición de cáncer hepático. También pueden provocar en los niños el síndrome de Reye o kwashiorkor, una de las afecciones infantiles más dramáticas. Unas 20.000 personas, la mayoría menores, mueren cada año por ingerir comida con aflatoxinas. La FAO estima que el 25% de las cosechas están contaminadas con alguna micotoxina.
Aunque se investiga con variedades del cereal resistentes o se usa la lucha biológica, propagando cepas no tóxicas de Aspergillus, no hay un método preventivo realmente eficaz. La principal medida para evitar que la comida contaminada llegue a humanos o animales es tirarla. Cada año se retiran de los silos unos 16 millones de toneladas de maíz, en especial en aquellos países donde más hace falta. Pero, dada la interrelación entre el hongo y su huésped, ¿por qué no probar a interferir en su metabolismo cambiando algo en el maíz?
Hasta ahora, la única medida eficaz contra la aflatoxina es arrancar cosechas o vaciar los depósitos de grano
"Insertamos una porción de ADN [casete génico] que produce una pequeña molécula de ARN que, cuando el grano está infectado por Aspergillus, puede migrar hasta el interior de la célula del hongo", explica la investigadora de la Universidad de Arizona (EE UU) y directora del estudio, Monica Schmidt. La molécula de ácido ribonucleico interfiere en la expresión de un gen específico que está detrás de la aparición de la aflatoxina en el hongo.
Esta técnica de manipulación genética usa una variante de la llamada interferencia por ARN. En esta investigación, publicada en Science Advances y financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates, la particularidad es doble. Por un lado, se modifica genéticamente el maíz para que este altere la genética del hongo. Por el otro, lo hace usando una molécula que puede pasar del cereal al hongo. "El maíz genera este ARN de forma constante durante todo el desarrollo del grano", recuerda Schmidt. Eso lo protegería hasta el momento de cosecharlo.
En el estudio, los investigadores expusieron plantas manipuladas para expresar esta molécula y plantas convencionales a 100.000 esporas de A. flavus. En los dos casos, el hongo prosperó. Pero comprobaron que las mazorcas transgénicas no tenían ni rastro de aflatoxinas, mientras que en las panojas usadas como control la concentración de la toxina fue de entre una y 10 partes por millón. Aunque se necesitarán más estudios, no detectaron ningún otro cambio en el hongo y, en especial, en el maíz.
Esta técnica tiene, además, la ventaja de que podría, en teoría, funcionar también con otros cereales o frutos afectados por aflatoxinas. Pero palabras como transgénico unidas a comida despiertan temores y suspicacias, especialmente en Europa. "Sabemos que los organismos modificados genéticamente provocan controversia", reconoce la biotecnóloga estadounidense. Pero, como dice Schmidt: "Este maíz modificado genéticamente podría reducir la exposición a la comida contaminada de unos 4.500 millones de personas de los países menos desarrollados ".

Cada día comemos más seguro, pero menos sano

La alimentación en nuestros días supone una gran paradoja: hay más controles pero es menos saludable

Los supermercados tienen sus estanterías cargadas de ultraprocesados.
Hoy en día, no tenemos que preocuparnos, en los países más desarrollados del planeta, por si podemos beber el agua del grifo o por si nos vamos a pasar toda la noche abrazados al váter después de salir a cenar fuera. Hemos avanzado, siendo capaces de diseñar sistemas de seguridad que han permitido reducir los riesgos alimentarios prácticamente a cero. Pero se da la paradoja de que, aunque tenemos a nuestra disposición los alimentos más seguros de toda nuestra historia, comemos peor que nunca.
1. Muchos productos y pocos alimentos
Enfermedades como el cáncer, la diabetes o las cardiovasculares se propagan a través de los hábitos, el ambiente y las condiciones culturales o económicas
El resultado de una investigación sobre el tipo de alimentos que más consumen los españoles, publicado en la revista Nutrients, refleja que la población española se encuentra en permanente dieta hipocalórica, consume una media de unas 1.800 kilocalorías al día, se alimenta principalmente de productos derivados de los cereales, como el pan, su principal fuente de proteínas son las carnes y derivados cárnicos y que tiene un consumo de frutas y verduras inferior al 10% de las calorías totales de la dieta diaria.
En resumen, aunque la mayoría de la gente suele tener la percepción de que come mucho, comemos poco y mal: pocos alimentos con muchas calorías con los que, a pesar de lo que muchos creen, no cubren sus necesidades.
2. El ambiente obesogénico nos está matando
Las Enfermedades No Transmisibles (ENT), como el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, en las que el estilo de vida y la alimentación actúan como factores de riesgo, se han convertido en el mayor asesino de nuestros tiempos.
Recientemente, un artículo publicado en la revista médica The Lancet sugería un cambio de nombre para este grupo de enfermedades, porque, aunque no se transmitan a través de microorganismos o virus, se propagan a través de los hábitos, el ambiente y las condiciones culturales o económicas. El ambiente obesogénico en el que vivimos, modifica nuestros hábitos haciéndonos enfermar lentamente. Así que, de poco sirve vacunarnos contra este enfermizo ambiente si no acompañamos el tratamiento de políticas sociales que nos ayuden a tomar mejores decisiones alimentarias.
Nuestro verdadero problema sanitario es el aumento de enfermedades como la obesidad o la diabetes, cuya aparición está relacionada con el consumo de alimentos baratos
3. Seguridad alimentaria no es sinónimo de calidad nutricional
Que un alimento sea seguro, desde el punto de vista sanitario, no implica que sea saludable. Los sistemas de seguridad alimentaria previenen los riesgos alimentarios asegurando la inocuidad y salubridad de los alimentos consumimos. En un país desarrollado, como el nuestro, los casos de alertas sanitarias relacionadas con el consumo de alimentos son muy pocos. Nuestro verdadero problema sanitario es el aumento de enfermedades crónicas, como la obesidad o la diabetes, cuya aparición está relacionada con el consumo de alimentos baratos, de fácil acceso, con sabores intensos y que, normalmente, aportan muchas calorías pero pocos nutrientes.
Por lo tanto, si decides comerte el típico menú de comida rápida, tendrás muy pocas posibilidades de intoxicarte, pero no te estarás alimentando correctamente.
4. Con más nutrientes (añadidos) no significa más nutritivo
En el supermercado nos podemos encontrar con una infinidad de productos etiquetados como “saludables” diseñados con una cuidada estrategia de mercadotecnia que consigue que las personas tomen peores decisiones alimentarias. Un ejemplo son los productos de bollería fortificados con determinados nutrientes, como la bollería rica en hierro y las galletas o snacksenriquecidos con vitaminas y minerales. Por muchas vitaminas o minerales que se le añadan a un producto insano no lo convierte en una buena elección alimentaria.
Lo mejor que puedes hacer por tu salud es comer más alimentos, sobre todo vegetales: frutas, verduras, frutos secos, legumbres, etc.
5. La comida de verdad no necesita sello de calidad
Determinar la calidad nutricional de un producto alimenticio puede convertirse en una tarea complicada. La calidad es un concepto abstracto, subjetivo y bastante manipulable. Está de moda incluir en el etiquetado de productos alimenticios -normalmente de productos ultraprocesados cuyo consumo, en realidad, debería evitarse- el sello de alguna asociación científica o médica colaboradora de la marca. Este tipo de práctica, empleada por la industria alimentaria, contribuye a alimentar el “efecto halo” en el consumidor generando una percepción irreal de la bondad del producto.
Lo mejor que puedes hacer por tu salud es comer más alimentos, sobre todo vegetales: frutas, verduras, frutos secos, legumbres, etcétera. Utilízalos como ingredientes de tu comida, no vienen en paquetes de colores ni llevan sellos de sociedades científicas, pero tienen muchos nutrientes.
Recuerda que tus elecciones alimentarias son las que determinan la calidad de lo que comes, el sello que le pongas a tu alimentación dependerá de ello.