miércoles, 14 de junio de 2017

La ‘estrella de mar demonio’ que devora los corales

La 'Acanthaster planci' engulle hasta 10 metros cuadrados de coral al año

Un grupo de corona de espinas se reúne para alimentarse del lecho de coral. EFE
Una insaciable estrella de mar espinosa amenaza la pervivencia de los corales que, desde hace años, devora sin control. Este organismo fue avistado por primera vez en 1957, en las costas de la localidad japonesa de Onna, perteneciente a la isla meridional de Okinawa, donde esta depredadora de corales se conoce localmente como onihitode: la estrella de mar demonio.
Esta especie de estrella de mar es la corona de espinas, o acantáster púrpura (Acanthaster planci), "uno de los pocos animales que pueden comer corales", en los que basa su dieta, explica Ken Baughman, uno de los autores de un reciente estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa que ha desentrañado el genoma de la especie. Debido a su enorme proliferación en los últimos años, la comunidad científica se ha lanzado a su estudio para hallar pistas que ayuden a atajar la superpoblación de estos invertebrados, que también están dañando seriamente la Gran Barrera de Coral australiana.

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La corona de espinas, nativa de la región Indo-Pacífico, está experimentado un auge que congrega desde cientos de miles hasta millones de estrellas, alcanzando densidades de población de 150.000 ejemplares por kilómetro cuadrado. "Normalmente los arrecifes sólo tienen un puñado", dice Baughman, pero en las últimas décadas se han triplicado los brotes de estas estrellas, cuyo apetito voraz -un ejemplar consume hasta 10 metros cuadrados de carne de coral al año- es responsable de disminuir entre el 37% y el 99% de la cubierta de coral vivo.
Con el objetivo de preservar los arrecifes, científicos nipones y australianos han descifrado recientemente cómo se comunican estos seres. En su búsqueda para encontrar vías de control para este problema, -que está acelerando la degradación de los corales junto a factores como el calentamiento del mar-, el equipo de Baughman y diversos investigadores australianos analizaron el genoma de las estrellas. Y, por primera vez, ha sido completamente secuenciado. Es algo así "como un manual de instrucciones de cómo construir una estrella de mar, con el que podemos entender mejor su biología" y, en consecuencia, su comportamiento, explica Baughman.
"Uno de nuestros mayores descubrimientos fue averiguar qué químicos y hormonas [unas sustancias que este animal utiliza para comunicarse con los de su especie] medidos en el agua alrededor de la estrella de mar provienen exactamente de nuestra estrella". Los investigadores esperan que su hallazgo permita que, en un futuro inmediato, se mejore su biocontrol, y se hallen formas más eficientes de capturar ejemplares en lugares donde aparecen en gran número; mientras que, a largo plazo, quieren averiguar por qué se reúnen. "No es como si un día una estrella de mar se despertase y dijese: '¡Eh, chicos! ¡Vamos a destruir el arrecife hoy!'", bromea Baughman.
Los científicos creen que el aumento de las apariciones en "brote" puede deberse a la "actividad humana"
Los científicos creen que el aumento "podría estar relacionado con la actividad humana", por lo que encontrar la causa es, a la vez, una interesante cuestión científica y un descubrimiento útil. Durante sus pesquisas, los equipos de investigación hicieron otro sorprendente y extraño hallazgo: los genomas de los ejemplares de Okinawa y Australia son muy similares, lo que les hace pensar que esto "puede estar relacionado con los brotes".
El interés del hallazgo queda eclipsada por otra alarmante particularidad de esta estrella espinosa: posee una excelente tasa de fecundidad, que, además, aumenta de manera desproporcionada en función del tamaño. Una hembra de 30 centímetros de diámetro es capaz de transportar 15 millones de huevos. Una de 50 centímetros, 120 millones. Si a eso se le suma una de las mayores tasas de fertilización externa entre los invertebrados marinos, no extraña la imperiosa necesidad de la comunidad científica de seguir indagando.

Los océanos acumulan siete millones de toneladas de basura marina al año

El Mediterráneo adquiere lentamente las proporciones de residuos de los grandes vertederos del Pacífico

La basura marina ocupa gran parte de la arena del Rincón de Salitrona.
La basura marina ocupa gran parte de la arena del Rincón de Salitrona.  AAE
Alrededor de 45.000 objetos se agolpan en cada milla oceánica cuadrada, según los datos medios que ofrece la Unesco, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Son restos de basura marina, oleajes de residuos que no solo proliferan en la superficie, sino que también florecen bajo ella; y que incluso germinan dentro de sus propios habitantes. En los últimos 40 años, la cantidad de basura marina en la capa superficial de los océanos ha aumentado más de un 100%. Hoy se celebra el Día Mundial de los Océanos, pero la visión del panorama global marítimo genera una pregunta: ¿qué hay que celebrar exactamente?
Hoy, la Asociación Ambiente Europeo (AAE) celebró su conferencia Voces por una Mar Sana, coincidiendo con la conmemoración de esta fecha. El director de la AAE, Daniel Rolleri, defendió en su intervención que "el mundo sigue sin encontrar el equilibrio entre la producción de recursos y la conservación del medioambiente". "Arrojamos ocho millones de objetos diarios al océano, que, en conjunto, alcanzan un peso total de siete millones de toneladas de basura anuales", resaltó.
"Pero el impacto no termina en el mar", detalló Rolleri, "sino que empieza a alcanzar ámbitos como la economía, o la salud personal". "El zooplancton, la base de la cadena trófica marítima, se come las microfibras de plástico que expulsamos. Y a su vez, los peces se comen al zooplancton. Uno de cada seis peces comerciales de las costas españolas tiene plástico en su sistema. Y aunque la situación ha mejorado, tanto que ahora la sociedad nos presta atención, este es un fenómeno sumamente complejo", añadió.
"España es el quinto productor de plásticos europeo, y la Unión Europea es el segundo productor de plásticos mundial. Eso implica que nuestro país tiene una posición de responsabilidad", explicó Elvira Jiménez, bióloga marina de Greenpeace. "Pero a nivel nacional, consumimos 50 millones de objetos plásticos en un día (latas, bricks), pero  reciclamos 20 millones. Se recicla el 30% de los plásticos de un solo uso, el 50% que se pierde. Y esto son datos que no tienen en cuenta toda la basura que se arroja; solo la que queda registrada", afirmó.
"Se trata de disminuir el uso de los plásticos, no de centrarnos en reciclar. El reciclaje no va a salvarnos de nuestros propios errores", señala  un experto
Y, volviendo al Mediterráneo, la situación no mejora. "El Mediterráneo es un mar cerrado," relató Jiménez, "que solo se comunica con el Atlántico por el estrecho de Gibraltar, lo que ralentiza la velocidad de sus corrientes de agua". "Y la densidad urbana de sus ciudades costeras, junto al uso de las rutas marítimas, provoca que la basura que arrojamos se acumule muy rápido", detalló esta experta, "tanto que ya alcanza la densidad por metro de los grandes vertederos de basura marina, como los que existen en el Pacífico".
Rolleri y Jiménez comparten la misma opinión: el foco no debe centrarse en nuevas medidas y métodos de reciclaje, sino en reducir la producción de plásticos no biodegradables, o en no utilizarlos."Se trata de disminuir el uso de los plásticos, no de centrarnos en reciclar. El reciclaje no va a salvarnos de nuestros propios errores", concluye Jiménez. Rolleri, por su parte, finaliza con un mensaje positivo: "Los consumidores podemos informarnos y rebelarnos contra este tipo de producción y de consumo a través del cambio a pequeña escala, nos podemos convertir en un agente del cambio".

Las reservas marinas protegidas ayudan a frenar el cambio climático

Una revisión de 145 estudios resalta el papel de las reservas para frenar la acidificación de los océanos, el aumento del nivel del mar o el descenso del oxígeno en los mares

Dia Mundial de los OceanosVer fotogalería
Reserva en las proximidades de Denia.  GREENPEACE
Desde el siglo pasado, el nivel de los océanos ha ascendido una media de 19 centímetros, y su temperatura media ha aumentado en 0'9 ºC. Los polos reducen su cantidad de hielo año tras año, y el fitoplancton desaparece paulatinamente, arrastrando tras su caída la producción de oxígeno. El mismo agua que nos dio la vida parece destinada a cargar con el peso de nuestra civilización. Y, sin embargo, los propios mares ofrecen una solución para aminorar estos cambios: las reservas marinas protegidas.
Un equipo de investigación liderado por el doctor Robert Callum, de la Universidad británica de York, ha publicado hace unos días un estudio que analiza los efectos mitigadores de las áreas marinas protegidas, o MPA's (Marine Protected Area), a través del análisis de 145 estudios previos. Las reservas marítimas protegidas son, según explica Mar Otero, experta del programa Med Marino, de la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), "un espacio geográficamente delimitado, normalmente en la línea costera, cuyo objetivo principal es mantener la biodiversidad marina del área a largo plazo".
"El cambio climático tiene consecuencias devastadoras en todas partes" analiza Otero, "pero el tamaño y la capacidad de absorción del mar disminuye la percepción que tenemos sobre sus efectos en él". "Las áreas marinas protegidas aumentan la resiliencia", es decir, la capacidad de adaptación y respuesta del medioambiente marino, "y reducen la presión que ejercemos contra el litoral, al tiempo que nos permiten aislar individualmente los efectos que el cambio climático provoca en la fauna y flora, y comprender mejor sus consecuencias".

Cambios en el gigante azul

El artículo de Callum analiza cinco consecuencias del cambio climático en los mares que las MPA's contribuyen a mejorar; como la acidificación. "La acidificación", explica Pilar Marcos, bióloga marina y responsable de la campaña Océanos de Greenpeace, "se produce cuando el océano absorbe grandes cantidades de CO2, y su pH desciende como resultado directo. Desde la época pre-industrial hasta hoy, los mares han absorbido un 30% de todo el CO2 que hemos expulsado a la atmósfera, además de asimilar el 90% del calor atmosférico acumulado".
Como resultado, la capa superficial marina se ha vuelto un 26% más ácida, pero el estudio de Callum señala que las praderas y los humedales costeros de las áreas marinas protegidas (manglares, praderas, marismas...) poseen, por lo general, una alta frecuencia de fotosíntesis, lo que crea zonas que funcionan como sumideros de carbono, reduciendo el CO2.
Al crear una reserva marítima y evitar que el área se sobreexplote o se drague, se contribuye a mantener su función como defensa costera
Otro de los efectos que el cambio climático ha inducido en los océanos es el aumento del nivel del mar, condicionado principalmente por el agua derretida de los casquetes polares. "Sin embargo, las barreras marítimas naturales", relata Marcos, "como la posidonia en el Mediterráneo, o el coral en el Caribe, amortiguan el efecto y ralentizan el proceso de elevación de las aguas". La tesis de Callum señala que, al crear una reserva marítima y evitar que el área se sobreexplote o se drague, contribuimos a mantener su función como defensa costera. Una función que, además, tiene una ventaja frente a las barreras artificiales: las barreras marítimas naturales crecen, y pueden seguir el ritmo de elevación del mar, contribuyendo a mantener un equilibrio entre ambos.

España: trabajo por hacer

Según el estudio de Callum, en el año 2015 únicamente el 3,5% de la superficie marítima total se hallaba semiprotegida, o poseía futuros planes de protección; y tan solo el 1,6% estaba totalmente protegida. "En España", relata Marcos, "hemos pasado de un 1% del total de aguas territoriales protegidas a un 8% en los últimos cuatro años. Pese a que los objetivos de la Convención por la Diversidad Biológica (CBD) aconsejan tener un 10% de la línea costera protegida para el año 2020, Greenpeace lo considera un porcentaje insuficiente. Consideramos que el objetivo debería situarse en un 40% de aguas protegidas a nivel internacional. Y, además, debemos ser cuidadosos, y analizar qué áreas se han construido como parques de papel".
Otero, por su parte, resalta que "tan importante es el porcentaje de aguas protegidas como su eficacia. Debemos centrarnos en su efectividad de cara al futuro, comenzar a planificar la idea de establecer MPA's en aguas más profundas o en alta mar, y llegar a un acuerdo con los distintos actores que se vean implicados en su creación. Este ámbito precisa de consenso".