martes, 17 de octubre de 2017

El ruido enferma y es un problema de salud pública

Una de cada cuatro personas en España están expuestas a altos niveles de contaminación acústica

Nube de contaminación sobre madrid desde la A-6, a la altura de Torrelodones. Ampliar foto
Nube de contaminación sobre madrid desde la A-6, a la altura de Torrelodones.  EL PAÍS
El ruido es uno de los factores ambientales más importantes a nivel de salud pública. A pesar de la evidencia emergente de estudios experimentales y epidemiológicos, los efectos del ruido sobre la salud han captado poco la atención y a menudo son ignorados.
El ruido se define como un "sonido no deseado". El tráfico rodado es la fuente de contaminación acústica más común tanto dentro como fuera de las ciudades, seguido de los trenes y los aviones. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica el ruido del tráfico como el segundo factor medioambiental más perjudicial en Europa, detrás sólo de la contaminación atmosférica.
En 1999, la OMS recomendó que los niveles de ruido en el exterior durante el día no excedieran los 55 decibelios (dB). Diez años después recomendó además un valor máximo nocturno de 40 dB para prevenir efectos adversos sobre nuestra salud.
Hoy en día, en Europa, 100 millones de personas -una de cada cinco- están expuestas a niveles altos de ruido por el tráfico y 32 millones lo están a niveles muy altos. En España, los números son aún más elevados, con una de cada cuatro personas expuestas por encima de 55 dB.
Es bien sabido que la exposición a altos niveles de ruido puede causar efectos directos en la audición. Sin embargo, los niveles regulares de ruido ambiental también se han asociado con molestias, trastornos del sueño, problemas cognitivos y con enfermedades cardiovasculares, en particular la cardiopatía isquémica. Estudios recientes también sugieren que el ruido del tráfico podría estar asociado con la diabetes y la obesidad.
La carga de enfermedad provocada por el ruido en Europa es grande. La Agencia Europea del Medio Ambiente calcula que casi 32 millones de europeos sufren molestias por el ruido, 13 millones tienen trastornos del sueño y el ruido causa 72.000 hospitalizaciones y 16.600 muertes prematuras anuales. Además, un estudio reciente de ISGlobal estimó que más de 1.200 muertes prematuras en Barcelona eran atribuibles a la contaminación del aire y a los niveles de ruido. A su vez, un estudio posterior observó que el ruido del tráfico representaba el 36% de la carga total de la enfermedad debido a la planificación urbana y de transportes, un porcentaje más alto que el atribuible a la contaminación atmosférica.
El ruido puede afectar la salud a través de diferentes mecanismos biológicos. El estrés debido al ruido puede causar molestias mientras estamos despiertos, lo que puede afectar la calidad de vida, cambiar nuestro comportamiento y, por tanto, tener efectos en nuestra la salud. El estrés debido al ruido también puede conducir a reacciones fisiológicas como la liberación de hormonas y el aumento de la presión arterial que parecen ser particularmente importantes durante el sueño, incluso si no percibimos el ruido y no nos despertamos.
El ruido también puede afectar la salud a través de la alteración del sueño ya que afecta el metabolismo y, entre otros, interrumpe el metabolismo de la glucosa o desregula el apetito. Con una exposición a largo plazo al ruido, las diferentes reacciones del cuerpo humano podrían conducir a alteraciones crónicas. Esto explicaría, por ejemplo, la asociación entre la exposición a largo plazo al ruido del tráfico con las enfermedades cardiovasculares o los hallazgos recientes que lo asocian también con la diabetes y la obesidad.
En Europa, 100 millones de personas -una de cada cinco- están expuestas a niveles altos de ruido por el tráfico y 32 millones lo están a niveles muy altos
La Unión Europea se ha marcado como objetivo para el 2020 reducir la contaminación acústica hasta niveles cercanos a los recomendados por la OMS. Según la Directiva europea sobre el ruido, los estados miembros de la Unión Europea están obligados a notificar la exposición de las personas a la contaminación acústica en las poblaciones de más de 100.000 habitantes y a preparar planes de acción de mitigación. En Barcelona, el mapa de ruido se puede encontrar en la página web del ayuntamiento y la ciudadanía puede comprobar el nivel de ruido de su calle.
Ejemplos de planes de acción para mitigar el ruido son sustituir las calzadas de las carreteras por pavimento sonorreductor, limitar el flujo de tráfico o disminuir los límites de velocidad. La acción más eficaz para reducir la exposición al ruido es reducir o eliminar las fuentes de ruido. Tener acceso a una zona silenciosa para poder eludir el ruido es esencial. Por lo tanto, también es importante proteger estas zonas silenciosas ya existentes.
Se debe impulsar un cambio en la movilidad, pasar de los vehículos privados al transporte público y a la movilidad activa. Los espacios verdes también mitigan el ruido y proporcionan zonas silenciosas. Así, la planificación urbana puede desempeñar un papel importante para disminuir los niveles de ruido, pero también para reducir los niveles de contaminación atmosférica y promover estilos de vida saludables.

lunes, 9 de octubre de 2017

Las personas que no desayunan acumulan más grasa en las arterias

Un estudio español sugiere que saltarse el desayuno aumenta el riesgo de aterosclerosis

Un buen desayuno con café, zumo y un par de tostadas con tomate y aceite de oliva. WIKIMEDIA COMMONS / EPV
Desayunar solo un café, o menos del 5% de las calorías diarias (100 en una dieta de 2.000 calorías recomendadas) puede aumentar el riesgo de sufrir aterosclerosis, la acumulación de grasa en el interior de las arterias. Así lo afirma un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) realizado en colaboración con el Banco Santander. La aterosclerosis, incluso cuando es subclínica —es decir, sin síntomas— puede ser causa de un infarto cerebral o cardíaco.
Los investigadores utilizaron una nueva tecnología de ultrasonido que produce ecografías muy precisas en 3D para medir la acumulación de grasa en las arterias de 4.000 personas sin aparentes problemas cardiovasculares. Los voluntarios, todos empleados del Banco Santander entre los 40 y 54 años de edad, también respondieron a un cuestionario detallado sobre su dieta durante los 15 días previos al estudio.
Basándose en estos datos, publicados en la revista del Colegio Americano de Cardiología (JACC), los investigadores determinaron que sólo un quinto de los participantes tomaba un desayuno copioso (más del 20% de las calorías diarias), mientras que el 3% no desayunaba o lo hacía mal, consumiendo menos del 5% de las calorías diarias. En el primer grupo, mostraron algún tipo de aterosclerosis subclínica unas 57 personas de cada 100, pero los casos aumentaron a casi 75 personas por cada 100 en el segundo grupo.
“Este estudio le da un barniz científico a nuestro dicho popular”, dice el cardiólogo Isidro Vila Costa, que no participó en la investigación: “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”.
Los resultados son independientes de otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, diabetes o hipertensión. Además, centrándose en la aterosclerosis subclínica generalizada —aquella que afecta al menos a cuatro de las seis arterias principales del cuerpo, y por tanto es más seria— la incidencia casi se triplica en las personas que salen de casa sin comer, comparada con la de aquellas que desayunan fuerte: pasa de un 10% de los casos a un 29%.
“Si uno no toma el desayuno, el reloj entra en un caos”, dice el investigador Valentín Fuster
Un buen desayuno pone en marcha el reloj biológico del cuerpo encargado de regular el hambre durante el resto del día. Al menos esta es la hipótesis que ahora barajan los autores del estudio. “Si uno no toma el desayuno, el reloj entra en un caos”, dice Valentín Fuster, principal autor del estudio, que también es director del CNIC y editor de JACC. “Comes más tarde e ingieres más calorías de las que deberías.” Esto podría explicar por qué también había más personas obesas o con colesterol elevado en el grupo que no desayunaba.
Antonio Bayés de Luna, un médico e investigador del Instituto Catalán de Ciencias Cardiovasculares (CSIC-ICCC) ajeno a este estudio, está de acuerdo con la explicación. “El reloj biológico es una realidad”, dice, señalando que esta semana sus descubridores se han llevado un Premio Nobel. Por eso él recomienda a sus pacientes desayunar bien y, además, con calma. “Hay que sentarse y tomarse entre 15 y 20 minutos”, dice.
El cardiólogo Antonio Bayés de Luna recomienda "sentarse y tomarse entre 15 y 20 minutos"
No obstante, el estudio del CNIC no establece si el desayuno repercute directamente en la obstrucción de las arterias. Puede ser que la costumbre de no desayunar venga ligada a un estilo de vida poco saludable, y por eso se observa la curiosa asociación entre el consumo calórico por las mañanas y la salud cardiovascular. En este caso, el no desayunar podría servir como un indicador para identificar a aquellas personas que necesitan hacer cambios más considerables en su estilo de vida, dice Vila Costa. El grupo de participantes que se saltaba el desayuno incluía, proporcionalmente, más fumadores y consumidores asiduos de alcohol y de carnes rojas o procesadas.
Aunque los resultados del estudio indican que quizá sea más importante cuándo comemos que lo que comemos, no basta con empezar a desayunar mucho para proteger las arterias, según Fuster. Los investigadores recomiendan un desayuno energético, pero también sano, que podría incluir un café con leche, una pieza de fruta o vaso de zumo, frutos secos y un par de tostadas con tomate y aceite de oliva. "Lo importante es la actitud de la persona, cuidarse o no cuidarse”, dice Fuster. Y añade que para cuidarse hay que evitar todos los demás factores de riesgo cardiovascular, como la inactividad, el tabaco o una dieta alta en grasas y azúcares.

1º BACHILLERATO. NIVEL CELULAR


2ºBACHILLERATO. GLÚCIDOS


martes, 3 de octubre de 2017

Los descubridores del ‘reloj interno’ del cuerpo, Nobel de Medicina de 2017

Los premiados son los estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Youn

El secretario del comité del Nobel de Medicina, Thomas Perlmann, anuncia los tres premiados de este año.  REUTERS-QUALITY
Los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young han ganado hoy el premio Nobel de Medicina de 2017, "por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano", según el jurado del Instituto Karolinska de Estocolmo, responsable del galardón. El premio está dotado con nueve millones de coronas suecas, unos 940.000 euros.
Gracias en parte a su trabajo, hoy se sabe que los seres vivos portan en sus células un reloj interno, sincronizado con las vueltas de 24 horas que da el planeta Tierra. Muchos fenómenos biológicos, como el sueño, ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora del día, gracias a este reloj interior. Su existencia fue sugerida hace siglos. En 1729, el astrónomo francés Jean-Jacques d'Ortous de Mairan observó el caso de las mimosas, unas plantas cuyas hojas se abren durante el día hacia la luz del Sol y se cierran al atardecer. El investigador descubrió que este ciclo se repetía incluso en una habitación a oscuras, lo que sugería la existencia de un mecanismo interno.
En 1971, Seymour Benzer y su estudiante Ronald Konopka, del Instituto de Tecnología de California, dieron un salto trascendental en la investigación. Cogieron moscas del vinagre e indujeron mutaciones en su descendencia con sustancias químicas. Algunas de estas nuevas moscas presentaban alteraciones en su ciclo normal de 24 horas. En unas era más corto y en otras era más largo, pero en todas ellas estas perturbaciones se asociaban a mutaciones en un solo gen. El descubrimiento podría haber merecido el Nobel, pero Benzer murió en 2007, a los 86 años, por una apoplejía. Y Konopka falleció en 2015, a los 68 años, de un ataque al corazón.
La comunidad científica ha constatado la importancia de este mecanismo en la salud humana
El Nobel, finalmente, se lo han llevado Hall (Nueva York, 1945), Rosbash (Kansas City, 1944) y Young (Miami, 1949). Los tres utilizaron más moscas en 1984 para aislar aquel gen, bautizado "periodo" y asociado al control del ritmo biológico normal. Posteriormente, revelaron que este gen y otros se autorregulan a través de sus propios productos —diferentes proteínas— generando oscilaciones de unas 24 horas. Fue “un cambio de paradigma”, en palabras del neurocientífico argentino Carlos Ibáñez, del Instituto Karolinska. Cada célula tenía un reloj interno autorregulado.
La comunidad científica ha constatado desde entonces la importancia de este mecanismo en la salud humana. Este reloj interior está implicado en la regulación del sueño, en la liberación de hormonas, en el comportamiento alimentario e incluso en la presión sanguínea y la temperatura corporal. Si, como ocurre en las personas que trabajan en turnos de noche, el ritmo de vida no sigue este guión interno, puede aumentar el riesgo de sufrir diferentes enfermedades, como el cáncer y algunos trastornos neurodegenerativos, según destaca Ibáñez.
“El sueño es vital para la función cerebral normal. Las disfunciones circadianas se han vinculado a trastornos del sueño, a depresiones, al trastorno bipolar, a la función cognitiva, a la formación de la memoria y a algunas enfermedades neurológicas”, añade el neurocientífico del Karolinska. El síndrome del cambio rápido de zona horaria, más conocido como jet lag, es una muestra clara de la importancia de este reloj interno y de sus desajustes.
Las disfunciones del ritmo circadiano se han vinculado a trastornos del sueño, a depresiones y al trastorno bipolar
El investigador del Karolinska pone un ejemplo con un ciclo de 24 horas, en el que el reloj interno anticipa y adapta la fisiología del organismo a las diferentes fases del día. Si la jornada comienza con sueño profundo y una temperatura corporal baja, la liberación de cortisol al amanecer aumenta el azúcar en sangre. El cuerpo prepara sus energías para afrontar el día. Cuando cae la noche, con un pico de presión sanguínea, se segrega melatonina, una hormona vinculada al sueño.
Estos ritmos internos se conocen como circadianos por las palabras latinas circa, alrededor, y dies, día. La comunidad científica sabe ahora que estos guiones moleculares “alrededor del día” surgieron muy pronto en los seres vivos y se conservaron a lo largo de su evolución. Existen tanto en formas de vida de una sola célula como en organismos multicelulares, como hongos, plantas, animales y seres humanos.
En el momento de su descubrimiento, Hall y Rosbash trabajaban en la Universidad Brandeis, en Waltham, y Young investigaba en la Universidad Rockefeller, en Nueva York. Su reconocimiento sigue la tónica de los premios suecos. Los hombres han ganado el 97% de los Nobel de ciencia desde 1901. En la categoría de Medicina, la estadística mejora ligeramente: 12 de los 214 galardonados son mujeres: el 5,6%.