viernes, 5 de enero de 2018

La lechuza común está desapareciendo en silencio

Esta rapaz nocturna ha sido elegida Ave del Año 2018 de SEO/BirdLife por las amenazas al medio agrario

Una lechuza común posada en un campo de flores.  SEO/BIRDLIFE
Hasta hace una década, era fácil ver y oír lechuzas en los campanarios y graneros de los pueblos españoles. Esta elegante rapaz nocturna, protagonista de cuentos y mitos, anida en las oquedades de edificios rurales y caza pequeños roedores. Pero la lechuza común (Tyto alba) cada vez lo es menos. Aunque todavía se considera una especie de menor preocupación en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la realidad es que las poblaciones españolas se han desplomado en los últimos años. Por eso la organización científica y conservacionista SEO/BirdLife ha nombrado a esta especie la estrella de su campaña Ave del Año en 2018. Con esta elección se pone el foco en los problemas de conservación de las especies asociadas al medio agrario.
“Nuestra dama de la noche está desapareciendo en silencio”, dice Asunción Ruiz, la directora ejecutiva de la Sociedad Española de Ornitología, “y en silencio, como cuando vuela, esta especie nos avisa desde hace años sobre la paulatina pérdida de vida en el campo”. En España sus números han caído en un 13% desde 2005, según datos de SEO recolectados anualmente por 450 voluntarios. Sin embargo, en algunas regiones, sobre todo del sur de la península, la pérdida es mucho más drástica al registrarse solo la mitad de individuos que hace diez años.

ASÍ ES EL AVE DEL AÑO

SEO/BIRDLIFE

Visión en 3D

A diferencia de la mayoría de las aves, los ojos de la lechuza están en posición frontal. Así pueden calcular la profundidad y observar la realidad en tres dimensiones. Para poder ver lateralmente, su cuello les permite girar la cabeza 180 grados a cada lado.

Una cara parabólica

El disco facial de las lechuzas actúa como una especie de antena parabólica, que dirige los sonidos hacia los dos oídos del ave, convenientemente escondidos a ambos lados de la cara. Por así decirlo, la cara de la lechuza es una gran oreja parabólica. Con dos oídos a diferente altura y el disco facial, es capaz de triangular la posición de su presa, incluso en absoluta oscuridad.

Ni un ruido

Sus plumas tienen una estructura especial que permite que la fricción con el aire sea amortiguada. Así, logran volar en completo silencio y juegan con el efecto sorpresa a la hora de cazar. Son, además, especialistas en volar lento, lo cual les permite localizar mejor a sus presas.
La principal causa de este declive es la transformación radical del medio agrario, que cada vez se basa más en los monocultivos y en el uso abusivo de plaguicidas y rodenticidas. La bióloga Patricia Orejas, que coordina el centro de recuperación de rapaces nocturnas Brinzal, en Madrid, denuncia que estas prácticas han diezmado las poblaciones de lechuza. “No se respetan los linderos ni la vegetación natural. Se cultiva hasta el último centímetro cuadrado. No hay alternancia de hábitats, que es lo que da riqueza a una zona. Y encima se utilizan pesticidas y raticidas. La lechuza pierde presas por todos los lados y las pocas presas que encuentra están envenenadas”, afirma.
A este problema viene ligado el despoblamiento del medio rural, que afecta a todos los pájaros de campo que viven asociados a los humanos, como las lechuzas y los mochuelos. Con este fenómeno, además de acelerarse la degradación del hábitat agrícola, las lechuzas pierden lugares tradicionales de nidificación como campanarios, granjas y caseríos. SEO pide la colaboración ciudadana para identificar zonas de cría y nidificación —sin molestar a las aves—, y así conocer mejor la distribución de esta especie en España (información en atlas@seo.org).
Una lechuza común en vuelo.ampliar foto
Una lechuza común en vuelo. ANJA CP
Aunque la especie solía ser muy abundante, en los catálogos regionales y nacionales está "en la mínima categoría de vulnerabilidad”, explica Orejas a Materia. “En Madrid es de interés especial, pero realmente tendría que estar rozando el en peligro de extinción”, asegura la bióloga. El nuevo año traerá cambios a la legislación que podrían afectar a la biodiversidad del medio rural: se espera que el Congreso de los Diputados apruebe la Ley de Cambio Climático, se está reformando la Política Agrícola Común (PAC) —que daña a las lechuzas al incentivar la agricultura intensiva con ayudas económicas por hectárea cultivada, y hay prevista una revisión de la Directiva Marco de Agua europea. SEO realiza campañas de presión por el impacto que tienen estos procesos legislativos sobre la configuración de nuestros campos.
Conservar la naturaleza no es un capricho naturalista; es necesario para defender nuestra calidad de vida y la de las futuras generaciones
En las últimas ediciones de la campaña Ave del Año, los pájaros elegidos han sido especies que tradicionalmente se consideran comunes, como el gorrión, la golondrina o, ahora, la lechuza. “Esto pone de manifiesto que los problemas de conservación han cambiado mucho y están cada vez más cerca de nosotros”, dice Ruiz. “Conservar la naturaleza no es un capricho naturalista; es necesario para defender nuestra calidad de vida y la de las futuras generaciones”.
Este año, la elección del Ave del Año se ha realizado por votación popular. SEO presentó tres opciones para que el público pudiese elegir la especie más necesitada de una voz que diese a conocer su mal estado de conservación. La lechuza ganó por goleada al alimoche común y al chorlitejo patinegro, al llevarse casi la mitad de los 3.796 votos. “Es fenomenal que haya salido la lechuza como Ave del Año”, opina Orejas. “Puede poner de manifiesto todos los problemas que tiene la avifauna ligada a los medios agrícolas. La lechuza, como abanderada de esta biodiversidad, es la mejor elección que podrían haber hecho”.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Por qué los salmones de piscifactoría son sordos

Los científicos han descubierto la razón por la que es tres veces más probable que los salmones de crecimiento rápido de los criaderos sean parcialmente sordos que sus parientes salvajes

Salmones en una piscifactoría.Ampliar foto
Salmones en una piscifactoría. GETTY IMAGES
Es muy probable que uno de cada dos salmones criados en piscifactoría haya perdido gran parte del oído. Aunque los sentidos de los peces no suelen ser objeto de consideración cuando estos están en el plato, actualmente los investigadores saben que la sordera de los salmones de criadero se debe a una deformidad del órgano auditivo causada por el crecimiento acelerado en la acuicultura.
El descubrimiento, publicado en Journal of Experimental Biology, plantea serias dudas sobre la calidad de vida de los animales y explica las bajas tasas de supervivencia de los alevines de criadero en los programas de conservación.
Los investigadores de la Universidad de Melbourne han examinado ejemplares de salmón de piscifactorías de Noruega, Chile, Escocia, Canadá y Australia, y han descubierto que la anomalía es general.

Tormey Reimer, autora principal del estudio, afirma que cuando se pusieron a buscar la causa de la malformación, descubrieron que los peces de crecimiento rápido tenían tres veces más probabilidades de padecerla que los que crecían más despacio, incluso a la misma edad.
"También vimos que podíamos disminuir la incidencia reduciendo la velocidad de crecimiento de los animales. Nunca hasta ahora se había obtenido un resultado tan claro", concluye Tormey, posgraduada de la Escuela de Biociencias de la Universidad de Melbourne.
La malformación se registró por primera vez en la década de 1960, pero el equipo australiano fue el primero en mostrar en 2016 que afecta a más del 95% de los peces de criadero adultos producidos en el mundo
La alteración biológica, explica la investigadora, se produce en los otolitos, unos cristales minúsculos situados en el oído interno del pez que detectan el sonido de manera parecida a como lo hacen los huesos del oído humano. En consecuencia, incluso los cambios pequeños pueden provocar grandes problemas de audición. Tormey explica que los otolitos normales son de un mineral denominado aragonito; en cambio, los afectados por la anomalía están formados en parte por vaterita, que es mayor, más ligera y menos estable. El equipo demostró que los peces que sufren esta alteración pueden perder hasta el 50% de la audición.
Los otolitos se han utilizado durante décadas para determinar la edad de los peces y su historia vital, pero como, en los peces de cría, ambas variables siempre son conocidas, no ha habido ningún motivo para examinarlos.
La malformación se registró por primera vez en la década de 1960, pero el equipo australiano fue el primero en mostrar en 2016 que afecta a más del 95% de los peces de criadero adultos producidos en el mundo.
Tim Dempster, profesor adjunto de la misma universidad y coautor del estudio, afirma que la alteración es irreversible, y que sus efectos se agravan con la edad.
"Estos resultados plantean serias dudas sobre la calidad de vida de los peces de piscifactoría. En muchos países, las prácticas de cría tienen que garantizar las cinco libertades", que son que los animales no pasen hambre ni sed, que no experimenten malestar, que no sufran dolor, heridas o enfermedades, que puedan tener un comportamiento (casi) normal, y que sientan miedo y angustia", explica el científico.
El problema es que el salmón de piscifactoría lleva una vida muy diferente de la del salmón salvaje.
Generaciones de cría selectiva han creado peces genéticamente diferentes de sus ancestros salvajes. El pienso con que se alimenta a los peces de vivero no es lo mismo que una dieta salvaje, y como los peces solamente comen y crecen durante el día, muchas piscifactorías los exponen a una luz intensa durante las 24 horas.
El equipo de investigadores descubrió que, al parecer, la presencia de la vaterita se debe a una combinación de genética, dieta y exposición prolongada a la luz. Sin embargo, había un factor que conectaba todos los demás: la tasa de crecimiento.
Dempser denuncia que producir animales con malformaciones quebranta dos de las libertades: la de no padecer enfermedades y la de tener un comportamiento normal. "Sin embargo, las piscifactorías son entornos ruidosos, así que algo de pérdida auditiva puede reducir el estrés en los criaderos y las jaulas marinas", añade. Ahora bien, la malformación podría explicar también por qué algunos métodos de conservación no son demasiado eficaces.
Entre la destrucción de los hábitats y la pesca excesiva, en muchas zonas el salmón salvaje es cada vez más escaso. Uno de los procedimientos para aumentar las poblaciones es liberar millones de alevines de cría en los ríos de desove. Los alevines de vivero suelen ser de mayor tamaño que los salvajes a su misma edad, y en teoría deberían tener más probabilidades de sobrevivir.
Sin embargo, su tasa real de supervivencia es entre 10 y 20 veces inferior a la del salmón salvaje. En libertad, los peces seguramente utilizan el oído para detectar sus presas y evitar a los depredadores, y en el caso de las especies migratorias como el salmón, puede ayudarles a encontrar el camino de vuelta al arroyo de origen para criar.
Steve Swearer, otro de los académicos coautores del estudio, explica que el siguiente paso será determinar si la vaterita afecta a la tasa de supervivencia de los peces de criadero liberados.
"Poblar los ríos con peces con deficiencias auditivas puede ser tirar dinero y recursos por la borda", opina Swearer. Reymer sostiene que, si bien la formación de vaterita es irreversible una vez ha empezado, la clave para controlarla es la prevención. "Es posible que la investigación futura descubra maneras de evitar la malformación sin que esto afecte a la tasa de crecimiento", vaticina.
"Nuestros resultados nos permiten esperar que haya una solución. La estrecha relación con la tasa de crecimiento significa que la dirección de la piscifactoría puede controlar la prevalencia de la alteración del otolito. Producir peces de crecimiento más lento para dejarlos en libertad podría aumentar a largo plazo sus probabilidades de sobrevivir".

lunes, 18 de diciembre de 2017

Una ciencia amilanada

El autor lamenta que el impacto de los recortes, el envejecimiento de las plantillas y la excesiva burocratización han llevado a los investigadores españoles al "conformismo, el pánico a equivocarse y el miedo a disgustar a los que mandan"

Una ciencia amilanada
LALALIMOLA
Diez o doce años atrás, el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero visitó la Reserva Biológica de Doñana durante unas vacaciones. Con ánimo de tirarle de la lengua, los más veteranos le preguntamos qué debíamos aconsejar a nuestros estudiantes destacados, si aspirar a una carrera científica en España o buscarse la vida en el extranjero. El presidente, tan optimista como bienintencionado, nos pidió que les animáramos a quedarse, porque en poco tiempo la inversión en ciencia en España alcanzaría al porcentaje promedio del PIB en la Unión Europea, y otro tanto ocurriría con el número de investigadores por cada mil habitantes. Creo que si aquel día nos hubieran contado que en 2017 estaríamos tan lejos como entonces de la media europea ninguno lo hubiéramos creído... salvo catástrofe. Y eso, una catástrofe, es lo que ha ocurrido. Ni más ni menos.i

Las normas que parecían razonables cuando el aparato administrativo para gestionar la ciencia se estructuró en España, han ido complicándose y anquilosándose progresivamente, hasta convertirse en un dislate y una auténtica tortura
Una parte muy importante de esa gestión es fiscalizadora y de control. Por supuesto, nada hay que oponer a que se analice con sumo cuidado cómo se gasta el dinero público invertido en ciencia, pero ello no puede justificar que se tarde meses o años en contratar a un científico o un técnico, y menos que con frecuencia no puedas hacerlo porque es extranjero y su título no está homologado, o porque si lo contratas tal vez reclamará una estabilización laboral. Y eso por no hablar de situaciones grotescas. La Unión Europea, y actualmente la propia legislación española, recogen el principio de “una sola vez”: uno tiene derecho a no entregar documentos que han sido presentados a la administración en alguna ocasión previa. Ello no obsta para que con frecuencia en distintas convocatorias se haya de aportar el curriculum vitae en diferentes formatos, a veces para la misma institución. Podrían enumerarse muchísimos otros ejemplos, pero solo mencionaré uno: en ocasiones se han rechazado propuestas de proyectos porque el tipo de letra con el que estaban impresas no correspondía al indicado en la convocatoria.
Las plantillas están envejecidas, dado que en los últimos años apenas ha habido oportunidades para la incorporación de jóvenes al sistema
Estos lastres de la investigación española, que le restan competitividad, son de dominio público, de modo que traerlos a colación aquí resulta muy poco, o nada, original. Tal vez por eso quisiera concluir con unas reflexiones sobre un aspecto tal vez más sutil y desde luego menos conocido. Me refiero a la disposición emocional, al estado de ánimo que, en mi opinión, se registra en las estructuras de política científica, e incluso en muchos investigadores españoles. Hacer ciencia requiere entusiasmo (individual y colectivo), atrevimiento, dosis de autoconfianza, libertad de pensamiento, capacidad de arriesgar; ha de haber hueco para el error, para llevar la contraria, para discutir la autoridad sin temor. Los científicos deben ser “espíritus libres que se resisten a las ataduras que impone la sociedad" (Freeman Dyson). Me temo que en la ciencia española de hoy, sin embargo, predominan el conformismo, el pánico a equivocarse, el miedo a disgustar a los que mandan.
En cierto modo, hay un estado de postración que se traduce en amilanamiento. El animal amilanado se paraliza de terror ante un depredador, es incapaz de buscar soluciones nuevas para esa nueva dificultad. No sé si el “depredador” de nuestra historia es Hacienda, o el Gobierno en pleno, o un presentido e inexistente fantasma, pero se diría que los responsables de la política científica se sienten rehenes de quienes, pudiendo haber fulminado los planes de investigación o el CSIC, por decir algo, les han perdonado la vida. Lo que transmiten, entonces, es aquello tan viejo de “virgencita, que me quede como estoy”. Evitan hacerse notar explorando nuevas vías, no vayan las cosas a peor. Y ese recelo permea de arriba abajo, de forma que no es excepcional, por ejemplo, que las normas del Ministerio para participar en un proyecto, ya de por sí estrictas, se endurezcan por parte del CSIC, y las del CSIC se tornen a su vez más restrictivas por los directores de los institutos. Nadie quiere asumir riesgos que puedan perturbar al superior, lo que acaba llevando en ocasiones a que los propios investigadores reclamen prudencia a sus estudiantes. Ese caldo de cultivo difícilmente casa con la práctica científica a nivel internacional. Más bien conduce a la introversión, la rutina, el individualismo, la endogamia nunca superada, la mediocridad…
No es raro que científicos consagrados reconozcan que dedican a la gestión cerca de la mitad, o incluso más, de su tiempo. Si a ello sumamos el 100% del tiempo que le dedican los gestores y auditores de la actividad científica, llegaremos a la conclusión de que se trabaja mucho más para administrar la ciencia que para practicarla
Soy consciente de que tal vez exagero, pues la edad puede sesgar mi juicio haciéndome añorar los “viejos tiempos de vino y rosas”. Pondré dos ejemplos para que juzguen ustedes mismos. No hace mucho, los investigadores del CSIC en Andalucía recibimos un “protocolo” a seguir en la difusión de nuestras actividades; en él no se nos pedía que nos abriéramos a la sociedad y contáramos más cosas sino, en primer lugar, que “para evitar desajustes” informáramos previamente al director del centro cada vez que pensáramos decir algo. En otro momento se nos ha explicado el motivo por el que uno no puede pedir vacaciones y aprovechar el viaje a un congreso científico para hacer, una vez terminado, algo de turismo: “Parecería que disfrutáis en lugar de trabajar, una mala imagen que pagaríamos todos”. En 1949 Konrad Lorenz escribió en su delicioso Hablaba con la bestias, los peces y los pájaros, que por cierto acaba de reeditarse: "Puede calificarse de afortunada una ciencia en la que la parte esencial de la investigación consiste en retozar por las orillas del Danubio y bañarse en sus aguas, desnudo y libre, en compañía de una manada de gansos silvestres". Estoy convencido de que ni afortunada, ni retozar, ni bañarse, ni desnudo, ni libre, serían términos bien vistos divulgando un trabajo de investigación en la España de hoy. Y eso que Konrad Lorenz obtuvo el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1973.
Hacer ciencia requiere entusiasmo (individual y colectivo), atrevimiento, dosis de autoconfianza, libertad de pensamiento, capacidad de arriesgar; ha de haber hueco para el error, para llevar la contraria, para discutir la autoridad sin temor
La célebre disyuntiva entre morir en pie o vivir de rodillas ha sido expresada de diversas maneras y, según se cuenta, por muy distintos personajes, desde Calvo Sotelo al Che Guevara. Mi versión preferida se atribuye, con dudoso fundamento, a Emiliano Zapata, que habría dicho en “mexicano”: “Prefiero morir parado a vivir a gatas”. A ratos pienso con tristeza que la ciencia en España, tras unos prometedores lustros al alza, vuelve a caminar a gatas. Vacilante, insegura, sumisa, temerosa de alzar la cabeza y mirar al cielo. Costará arreglarlo.