miércoles, 1 de agosto de 2018

La justicia europea pone trabas a la edición genética en plantas

El tribunal europeo sentencia que los organismos modificados con CRISPR deben ser regulados como transgénicos

Carga de un camión con maiz transgénico del tipo BT-corn, en Rockton (EE UU).
Carga de un camión con maiz transgénico del tipo BT-corn, en Rockton (EE UU). GETTY
El Tribunal Europeo de Justicia ha decidido hoy que los organismos modificados con nuevas técnicas de edición genética como el CRISPR deben ser considerados transgénicos y, por tanto, están sujetos a las normativas que limitan su cultivo dentro de la UE.
La decisión del tribunal es respuesta a una denuncia interpuesta por el sindicato agrícola francés Confédération Paysanne y otras ocho organizaciones contra la legislación francesa, que deja fuera de la normativa europea sobre transgénicos a los organismos obtenidos por mutagénesis. Esta técnica engloba diferentes métodos para generar mutaciones en un ser vivo, por ejemplo una planta, y conseguir así que tenga determinadas cualidades, por ejemplo que sea resistente a pesticidas. Esta técnica es diferente de la transgénesis, que consiste en introducir en un organismo genes de otro ser vivo, como es el caso del maíz Mon 810 de Monsanto, que lleva un gen de una bacteria que le permite generar una proteína tóxica para ciertas plagas.
En una sentencia hecha pública hoy, el tribunal europeo considera que los organismos generados por mutagénesis son Organismos Modificados Genéticamente (OMG) al entender que esta técnica altera la genética de los organismos de una forma que no se da en la naturaleza. Esto supone que las plantas y otros organismos cuyo genoma se modifica con la técnica de edición genética CRISPR-Cas 9 y otras similares estarán reguladas por la directiva comunitaria de 2001 que controla el desarrollo y cultivo de organismos transgénicos. La norma dictamina por ejemplo que cada nuevo OMG debe ser aprobado tras un análisis de su posible impacto en la salud y en el medio ambiente y someterse a medidas especiales de trazabilidad y etiquetado.
El tribunal hace una excepción con los organismos cuyo genoma se modifica por mutagénesis con técnicas convencionales como la radiación, ampliamente utilizada en el mercado agrícola para generar mutaciones beneficiosas desde un punto de vista comercial. El razonamiento del tribunal es que las nuevas técnicas de edición genética consiguen efectos similares a los de la transgénesis y permiten crear variantes modificadas genéticamente “a un ritmo y en proporciones que no pueden compararse con las resultantes de la aplicación de métodos convencionales de mutagénesis aleatoria”. El tribunal argumenta que excluir estas nuevas técnicas de edición genética de la normativa sobre transgénicos minaría el objetivo declarado de esta norma de “evitar efectos adversos para la salud humana y el medio ambiente”.
La decisión discrepa con la del abogado general del mismo tribunal, Michal Bobek, que afirmó en enero que los organismos obtenidos mediante mutagénesis debían estar exentos de la normativa sobre OMG.
Por el momento ningún estudio ha demostrado que los transgénicos tengan ningún impacto negativo en la salud. Tras 30 años de cultivo y consumo continuado de transgénicos, una de las mayores revisiones científicas realizadas a este respecto concluyó en 2016 que los transgénicos son igual de sanos que cualquier otro alimento. Desde 1998, la UE solo ha aprobado un alimento transgénico para consumo humano, el Mon 810.
La decisión del tribunal europeo supone un triunfo para las organizaciones ecologistas opuestas al desarrollo de OMG y ha sido muy criticada por científicos.
La decisión del tribunal es “una decepción tremenda”, resume en un tuit Lluis Montoliú, investigador del Centro Nacional de Biotecnología y uno de los principales valedores del CRISPR en España. “Europa vuelve a perder la oportunidad de subirse al tren del progreso, como sí han hecho otros países como EEUU, y lanza señales muy desalentadoras al sector biotecnológico europeo, ya muy maltratado, que esperaba poder emplear las herramientas de edición genética para generar nuevas variedades de una forma más sencilla, sin tantas cortapisas”, ha añadido el científico en declaraciones a Materia.
La industria de los transgénicos y las empresas biotecnológicas también han criticado la decisión. Según la fundación Antama el fallo puede “bloquear” el desarrollo de la edición genética en la UE.
La semana pasada, 60 organizaciones empresariales y académicas pedían tres cambios legales urgentes a la Comisión Europea para hacer que Europa “vuelva a estar a la vanguardia de la innovación” en este sector y que pueda competir en igualdad de condiciones con países que como EE UU.

viernes, 13 de julio de 2018

Una terapia génica revierte la diabetes tipo II y la obesidad en ratones

Investigadores de la UAB logran que un gen terapéutico llegue al hígado, al tejido adiposo o al músculo esquelético y exprese una proteína que trata la resistencia a la insulina J

Cultivo celular en un laboratorio. ULY MARTIN | EPV
La terapia génica ha cogido carrerilla; desde la revolucionaria técnica CRISPR de edición genética hasta la llegada al mercado de los primeros tratamientos para tratar leucemias sin alternativa terapéutica a través de la técnica CAR-T, por la que se manipulan en el laboratorio los linfocitos T del paciente. En los últimos años, la ingeniería genética se ha abierto paso en la investigación biomédica en una carrera de fondo por corregir genes defectuosos y fallos orgánicos que provocan enfermedades. Entre los últimos en probar la eficacia de la terapia génica en ratones se encuentra un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que ha logrado revertir la diabetes tipo II y la obesidad de estos animales.
Los científicos han empleado un vector viral al que han eliminado toda su carga patógena y colocado, en su lugar, el gen terapéutico que querían hacer llegar al organismo para regular la actividad metabólica.  A través de una sola inyección, ese virus se dirigió al hígado e infectó sus células con el gen terapéutico para que el órgano secretase por sí mismo esa proteína que controla el metabolismo. Con este sistema, los investigadores lograron regular la resistencia a la insulina y eliminar la diabetes de los ratones.
Los investigadores pusieron el foco en una proteína, la FGF21, que secreta el propio organismo para regular la actividad metabólica. Esta hormona se segrega de forma natural por diversos órganos, especialmente el hígado, y sirve para controlar los niveles de glucosa y grasa y mantener un funcionamiento energético correcto. "En la diabetes intervienen muchos genes y factores ambientales. A diferencia de las enfermedades raras, no tenemos un gen para ir y arreglarlo. Tenemos que conocer los mecanismos moleculares que intervienen y encontrar factores que podrían funcionar. Y pensamos que la FGF21 era un buen candidato. Nosotros pensamos que podría ser interesante producir la proteína natural, pero usar los vectores de terapia génica, manipular tejidos para que produzcan esa proteína", explica la investigadora de la UAB y autora del estudio, Fàtima Bosch.
Ya había antecedentes que exploraban el uso de la FGF21 para tratar la diabetes. "Hay estudios con animales donde se introducía la proteína nativa pero tiene una vida muy corta y se necesitaría inyectar cada día", apunta la científica. También la industria farmacéutica diseñó análogos de la FGF21, "pero son proteínas sintéticas y a veces el organismo no las reconoce", matiza Bosch. Así, con una dolencia como la diabetes, que ya es considerada una epidemia mundial (425 millones de personas la padecen en el mundo) y su tratamiento depende, en buena medida, de la adherencia del paciente a la terapia, los investigadores de la UAB optaron por intentar producir la proteína natural, pero manipular genéticamente los tejidos donde se secretan para que produzcan esta hormona.
Así, los científicos probaron este sistema en hígado, tejido adiposo y músculo esquelético. Se trataba de un vector viral, que funcionaba a modo de vehículo, para transportar el gen terapéutico que expresa la proteína FGF21. "Este vector deriva de un virus que no causa patología, pero puede infectar cualquier tipo de tejido y puede durar mucho tiempo. Nosotros probamos el vector que porta el FGF21 en tres tejidos y en todos los casos se puede sintetizar la proteína, que luego se distribuye por la sangre, y puede aguantar durante mucho tiempo", apunta Bosch.
Esta terapia también ha demostrado un efecto protector contra el riesgo de desarrollar tumores hepáticos
Estos virus manipulados genéticamente no se replican ni tienen capacidad patógena. En el laboratorio se vacían de su contenido nocivo e infeccioso y se les deja solamente su capacidad para introducirse en el núcleo de las células. Los científicos lo aprovechan como una especie de mensajero: en lugar de su carga patógena, los investigadores le incorporan el gen que expresa la proteína que desean instalar en el organismo (en este caso la FGF21) y lo usan como vehículo para que llegue a las células y las infecte con ese gen terapéutico. Cuando las células de ese tejido consiguen secretar por sí mismas la proteína, ésta se envía al torrente sanguíneo, que la distribuye por todo el cuerpo.
El equipo de Bosch probó esta terapia en modelos de ratones con diabetes tipo II y obesidad -tanto inducida genéticamente como a través de una dieta rica en lípidos-. Primero, lo probaron aplicando una sola inyección del factor terapéutico en el hígado y los resultados no tardaron en llegar. "Los animales normalizaban los índices de insulina. Se reducía la resistencia a la insulina, eran más sensibles. Y en los animales que ya son obesos genéticamente, con el tratamiento en dos dosis diferentes, revertimos el incremento de peso. Les bajaba la insulinemia y normalizaban los niveles de glucosa circulante", explica Bosch.
Los investigadores hicieron el mismo experimento en tejido adiposo y músculo esquelético y se hizo un seguimiento de los animales durante un año y medio. "Los ratones han disminuido de peso y se ha reducido la acumulación de grasa y la inflamación en el tejido adiposo. Además, se ha contrarrestado el depósito de grasas, la inflamación y la fibrosis en el hígado, ha aumentado la sensibilidad a la salud general y no se han observado efectos secundarios", constata la investigadora de la UAB, que ha publicado su estudio en la revista científica EMBO Molecular Medicine. Esta terapia también ha demostrado un efecto protector contra el riesgo de desarrollar tumores hepáticos (puede ocurrir cuando este órgano está sometido a una dieta hipercalórica durante mucho tiempo).
Bosch considera que el hallazgo abre la puerta a nuevos tratamientos para este tipo de dolencias. "Es la primera vez que se logra contrarrestar la obesidad y la resistencia a la insulina a largo plazo mediante la administración de una sola sesión de terapia génica en modelo animal", apunta. Sin embargo, aclara, tardará en traducirse esta investigación en la práctica clinica. De hecho, el siguiente paso es probar esta terapia con animales más grandes y luego, si funciona, comenzar los ensayos clínicos con pacientes.

lunes, 25 de junio de 2018

Las espectaculares escenas de aves que preludian una crisis ambiental

Los cambios en el cultivo del arroz, en un contexto de sequía, afectan gravemente a las garzas de la Albufera de Valencia

Fotogalería. Flamencos en un campo de la Albufera de Valencia.Ver fotogalería
Fotogalería. Flamencos en un campo de la Albufera de Valencia. MÒNICA TORRES
Esta primavera han vuelto a verse grandes concentraciones de aves, las más llamativas de flamencos, en zonas muy acotadas del Parque Natural de la Albufera de Valencia, uno de los principales humedales del Mediterráneo. Las espectaculares escenas congregan a centenares de curiosos en los caminos de tierra del parque, pero tienen un motivo sombrío, y preludian lo que los biólogos Mario Giménez y Pablo Vera describen como una “grave crisis ambiental”.
Los recientes cambios en el cultivo del arroz, así como la gestión hídrica, en un contexto de sequía, reducen al mínimo los campos de labranza que permanecen inundados en torno a la laguna, unos terrenos que sirven de despensa principal a la mayoría de aves acuáticas, forzándolas a apretujarse en los que quedan disponibles, afirman los responsables de SEO/Bird Life en la Comunidad Valenciana.

La escasez de agua dificulta a las aves utilizar como escala el humedal, integrado en la Red Natura 2000 y situado en el cruce de las dos principales rutas migratorias europeas: la que abarca la parte oriental del océano Atlántico, y la llamada del Mediterráneo y el mar Negro, que tiene como extremos Rusia y el África ecuatorial. Y afecta también al éxito reproductivo de las colonias, que en el caso de algunas especies de garzas, como la real, se ha reducido en dos tercios desde 1990, según los datos de SEO/Bird Life. Ello contribuye a explicar que el número de parejas reproductoras de todas las clases de garzas en el parque natural haya caído de casi 5.000 a 3.500 en siete años.
En su origen, la Albufera fue una pequeña porción del Golfo de Valencia. Hace 1,8 millones de años quedó aislada del mar por los sedimentos arrastrados por los ríos Júcar y Turia, y fue perdiendo salinidad muy poco a poco. En el siglo XIX la gran laguna empezó a ser cubierta con tierra para convertirla en cultivos de arroz, que hoy representan 14.000 de las 21.120 hectáreas del parque natural.
Los arrozales, regados por la Acequia Real del Júcar, son desde entonces la principal fuente de alimento de las aves acuáticas. Estas, salvo excepciones, no comen grandes peces, como los que hay en laguna, sino pequeños ejemplares que viven en las aguas poco profundas de los campos que la rodean, así como crustáceos, moluscos, larvas de insectos, anfibios e incluso culebras de agua.
Garcetas y gaviotas compiten por el alimento en la Albufera de Valencia.ver fotogalería
Garcetas y gaviotas compiten por el alimento en la Albufera de Valencia. M. T.
El calendario tradicional del arroz garantizaba campos inundados la mayor parte del año. Lo estaban durante el periodo de cultivo, entre finales de abril y septiembre. Y también después de la cosecha, cuando volvían a anegarse para evitar la salinización de unos terrenos muy cercanos al mar. El vaciado se hacía lentamente, y en marzo y abril, ya secos, los terrenos se acondicionaban para el siguiente ciclo de cultivo.

Cambio de variedades

En los últimos años, la inundación invernal se ha reducido, el desagüe se efectúa más rápido y ha aumentado el cultivo de variedades de arroz que, como J. Sendra y Argila, los agricultores  siembran más tarde obteniendo mejor rendimiento, afirma José Pascual Fortea, presidente de la Comunidad de Regantes de Sueca.
Algunos patos, como este macho de cuchara europeo, aprovechan para descansar durante su migración prenupcial en los arrozales.
Algunos patos, como este macho de cuchara europeo, aprovechan para descansar durante su migración prenupcial en los arrozales. M. T.
A todo ello se ha unido la sequía, que ha eliminado los oasis que en los meses más secos representaban las acequias y pequeños canales de los campos. La consecuencia es que, por ejemplo, en promedio, solo un pollo logra volar en cada nido de garceta común, cuando hace tres décadas lo conseguían 3,4, indica Vera.
Los responsables de SEO/Bird Life reclaman que las ayudas agroalimentarias se vinculen al mantenimiento de la inundación del arrozal durante todo el año, salvo en el breve periodo necesario para acondicionar la tierra para el siguiente cultivo. Y que los gestores hídricos garanticen al parque natural el agua necesaria en los términos en que lo establecen las directivas europeas, como una “restricción al sistema”.

A la caza de la bacteria que está matando a los olivos

Investigadores españoles detectan desde el aire una infección que amenaza a los cultivos mediterráneos antes de que sea visible.

Olivos defoliados tras una infección por 'X. fastidiosa', una bacteria para la que no hay cura.
Olivos defoliados tras una infección por 'X. fastidiosa', una bacteria para la que no hay cura. JUAN A. NAVAS-CORTES
La Xylella fastidiosa es una bacteria tan temida que hay agricultores que, estando obligados a comunicarlo, ocultan que sus cultivos están infectados. Sin tratamiento conocido, daña hasta la muerte a vides, almendros, frutales... y hasta 350 especies de clima mediterráneo. Ahora, un grupo de investigadores, liderados por varios españoles, ha logrado detectar su infección en olivos enfermos con imágenes aéreas antes de que los síntomas sean visibles. Así, aunque no se pueda salvar a los infectados, sí se podría detener la epidemia.
La bacteria es endémica de América, donde fue identificada a finales del siglo XIX en viñedos de California. El único tratamiento es detectar la infección a tiempo, arrancar los árboles cercanos y mantener la zona en cuarentena. A Europa llegó en 2013, cuando la detectaron en la región de Apulia, en el sur de Italia. Al poco, se produjeron nuevos casos en Córcega y la Costa Azul francesa. En España se la localizó en olivos de Ibiza y Mallorca. Y en 2017 le tocó el turno a almendros en Alicante y, recientemente, unos pocos olivares en Madrid.

"Se trata de eventos distintos, pero muestran que esta bacteria es la más peligrosa para las especies vegetales de clima mediterráneo", dice el investigador del Instituto de Agricultura Sostenible, con sede en Córdoba, Juan Antonio Navas. En Apulia, en apenas cinco años, "ha dejado más de un millón de olivos muertos y una cantidad mucho más grande, estimada en más de 10 millones, los árboles afectados", añade el fitopatólogo del CSIC. La bacteria, que es transmitida de árbol a árbol por insectos chupadores, se ha extendido a otras zonas oleicas de Italia y solo la introducción de variedades de olivo más resistentes está permitiendo recurar algunos campos. "El problema es que se llegó tarde, cuando las autoridades dieron la alerta, ya había 8.000 hectáreas infectadas", completa Navas.
Los árboles infectados pueden permanecer asintómáticos durante más de un año mientras infectan a otros
Para lograr una detección temprana de la infección, un grupo de científicos del instituto cordobés, del Centro Conjunto de Investigación (JRC, por sus siglas en inglés), dependiente de la Comisión Europea, y tres universidades europeas han diseñado un método que detecta los primeros síntomas aún antes de que sean visibles. Usando dos tipos de cámaras, una térmica y otra hiperespectral, a bordo de un avión fotografiaron una amplia extensión de Apulia, escaneando más de 200.000 olivos entre 2016 y 2017. Es como si hubieran estado tomando la temperatura a los enfermos.
"Desde que una planta se infecta por la bacteria Xylella fastidiosa hasta que presenta síntomas visuales pueden pasar entre 8 y 14 meses", comenta el investigador del JRC y coautor de esta investigación, Pablo Zarco. "Durante este tiempo la planta no muestra síntomas, pero su aparato fotosintético se ve afectado. Los cambios que se producen en determinados pigmentos (carotenos, antocianinas, xantofilas) así como en la emisión de fluorescencia clorofílica son detectables mediante estas cámaras antes de que se produzcan dichos síntomas visibles por el ojo humano", añade.
La X. fastidiosa, que debe su nombre a la imposibilidad de su cultivo en laboratorio, va taponando los xilemas de la planta (la red vascular que transporta agua y nutrientes) a medida que progresa la infección. Esto afecta a su capacidad para la evapotranspiración, lo que hace que aumente la temperatura, aumento que capta la cámara térmica. En paralelo, la degradación de los pigmentos conlleva una menor capacidad para la fotosíntesis, lo que cambia la absorción de la luz, cambios que registra la cámara hiperespectral. Después, una de red neuronal y algoritmos matemáticos interpretan tal estrés. "Podemos saber si las alteraciones fotografiadas son por falta de riego, por sequía o por la acción de un patógeno", explica Navas.
Esta imagen compuesta tomada por una cámara hiperespectral muestra las copas de los árboles. En verde, las zonas enfermas por la bacteria.
Esta imagen compuesta tomada por una cámara hiperespectral muestra las copas de los árboles. En verde, las zonas enfermas por la bacteria. 
Para comprobar la validez de los algoritmos usados para leer las imágenes captadas, los autores del estudio analizaron sobre el terreno 7.000 olivos de una veintena de fincas de los que habían fotografiado desde el cielo. Tras inspecciones oculares, tomaron muestras de distintos árboles para ver, ya en el laboratorio, si estaban infectados. Los resultados, publicados en la revista Nature Plants, llegaron hasta un 80% de efectividad. Además, la mayor parte de los falsos positivos acabaron siendo confirmados: tras sucesivas visitas, el 61% de los árboles que el sistema catalogó como enfermos , pero los patólogos consideraron sanos tras su inspección visual acabaron por desarrollar la enfermedad meses más tarde. De haber contado con esta tecnología en Apulia igual sí habrían llegado a tiempo.
Además, al ir montado en un avión o drones, el sistema podría ver allí dónde algunos quieren. En ocasiones, los agricultores afectados ocultan la infección. Saben que, si se comprueba que es por X. fastidiosa, todos los árboles que estén a menos de 100 metros a la redonda de uno enfermo (en el caso del olivar) tienen que ser arrancados. Con que tenga unos cuantos desperdigados, puede costarle toda la finca. Pero con este ojo de halcón, estos comportamientos que pueden favorecer la extensión de la plaga podrían ser neutralizados y no solo para proteger a los olivos.
"No es exclusivo para su aplicación en olivo o para X.fastidiosa. Puede utilizarse para otras enfermedades o patógenos", comenta el fitopatólogo del CSIC. De hecho, ya lo han usado de forma experimental en la detección de la veticilosis en olivos, la principal enfermedad del olivar en Andalucía y la región mediterránea. Además, recuerda Zarco, del JRC, "estamos organizando vuelos en Alicante en zonas de almendros afectadas por la Xylella fastidiosa".

viernes, 8 de junio de 2018

DÍA MUNDIAL DE LOS OCÉANOS

Día Mundial de los Océanos… ¿y así lo celebramos?
Hola caridad,
Hoy es el Día Mundial de los Océanos, pero tenemos poco que celebrar… una reciente investigación de Greenpeace ha encontrado plásticos y sustancias químicas peligrosas en el agua y la nieve de la Antártida.
Sí, desde la Antártida al Ártico, pasando por los rincones más profundos del planeta, como la fosa de las Marianas, los océanos se han convertido en un verdadero contenedor de plásticos. Alrededor de ocho millones de toneladas de plásticos acaban en los mares y océanos anualmente, y cada segundo más de 200 kilos de basura van a parar a sus aguas. Como consecuencia, más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren cada año.
En Greenpeace, gracias a socios y socias como tú, trabajamos para reclamar medidas urgentes para parar el flujo constante de plásticos a nuestros mares y la creación de una red de reservas marinas a gran escala, como un gran santuario en el océano de la Antártida, con el apoyo de más de 1,6 millones de personas en el mundo.
Hoy, en el Día Mundial de los Océanos, te pedimos que te rebeles contra los plásticos de un solo uso y nos ayudes a presionar a las empresas para que se responsabilicen del problema que han generado:
– Firma o comparte nuestra petición a los supermercados.
– Pide en cualquier establecimiento que no quieres plásticos de un solo uso, ya sean bolsas, vasos de plástico, pajitas, o cualquier otro tipo de envases.
– Cuando veas envases y productos abandonados, contaminando nuestro entorno, sube la foto a redes sociales y etiqueta a las marcas usando #IsThisYours (“¿es esto vuestro?”).

El poder de las personas, una vez más, conseguirá que las empresas nos escuchen y por eso el próximo Día de los Océanos queremos celebrar una victoria: que hemos frenado la contaminación de plásticos en el mar.
Para conseguirlo, contamos contigo. Muchas gracias, caridad.