jueves, 23 de febrero de 2017

Dolly: dos décadas de la clonación del primer mamífero

Permanece la incertidumbre sobre la corta vida de la oveja que revolucionó la genética


La creación de una oveja a partir de la información genética de una célula adulta marcó un hito en la historia de la ciencia. Era la primera vez que se conseguía con un mamífero.
Sin embargo, Dolly murió antes de lo esperado para una oveja de su raza, lo que abrió múltiples interrogantes sobre la salud de los clones.


La teoría de los telómeros

Los telómeros, los extremos de los cromosomas, se desgastan con el paso del tiempo. Durante muchos años se pensó que, al haber usado cromosomas de células adultas, los telómeros estarían ya desgastados, lo que hizo que Dolly envejeciera prematuramente.
Los clones creados con posterioridad parecen refutar esta idea, ya que han envejecido con normalidad.


Primeros animales clonados

El primer animal clonado, una rana utilizada frecuentemente en investigación, se creó en 1958. Pero pasaron casi 40 años hasta que la técnica estuvo a punto para mamíferos. Después de Dolly, se han clonado muchas especies de mamíferos, en ocasiones para replicar las características de un buen caballo de carreras o para intentar resucitar a una especie extinta

lunes, 13 de febrero de 2017

Las mujeres investigadoras, 30 años de estancamiento

El último paso para acceder a puestos de responsabilidad, cátedras, rectorados y direcciones de organismos de investigación sigue copado por hombre

Una científica analiza la estructura del ADN.GETTY IMAGES
Las mujeres se empeñan. Cada vez hay más que hacen el doctorado y que inician la carrera de investigadoras. Ni qué decir que estudian en la universidad. Ya hace años que, en los campus, igualan o incluso superan en porcentaje a los hombres. Pero, como decía recientemente la investigadora Margarita Salas, hace al menos tres décadas que muchas mujeres se gradúan en carreras científicas y hace tiempo que debería haberse empezado a notar su presencia en los puestos más altos. Pero está claro que es un proceso que no va a la velocidad a la que debería, decía esta bióloga molecular. Por no decir, que, de ir, va al ralentí.
Un nuevo estudio sobre esta cuestión aporta un dato positivo: el número de mujeres que obtienen el doctorado en España, lo que es el primer paso para iniciar una carrera académica, se iguala al de los hombres. Ocurre en casi todas las disciplinas, menos las ingenierías y Arquitectura, aunque es llamativo también que el porcentaje de doctorandos mujeres en esas carreras, históricamente escogidas por hombres, es ya bastante alto, del 37%. El mismo informe recuerda que el porcentaje de investigadoras en España se mantiene estable (en el 39%) desde 2009, por encima incluso de la media europea, que es del 33%. ¿Qué ocurre entonces?
Al congelarse las convocatorias de plazas de funcionarios, el porcentaje de mujeres en puesto de responsabilidad permanece inmóvil
En primer lugar, sucede lo mismo que en el resto de los sectores laborales. Las carreras profesionales del colectivo discriminado más grande del mundo, el de las mujeres, topan con el famoso techo de cristal ya al poco de arrancar. Y los factores culturales y educativos que hacen que ese techo no se acabe de romper siguen presentes en la sociedad actual, al igual que hace 30 años. Quizás con las campañas para fomentar la igualdad se haya resquebrajado pero nadie le ha dado el mazazo necesario para que se rompa definitivamente. Ese que solo se puede dar desde arriba, logrando que ellas estén entre las personas que toman las decisiones. Es decir, que formen parte de los tribunales que seleccionan al personal o conceden ayudas o estén en los puestos políticos que asignan a máximos responsables de los organismos públicos de investigación.
En concreto, en el caso del estancamiento de la carrera de las investigadoras ha influido mucho la crisis económica. Al congelarse las convocatorias de plazas de funcionarios, las mujeres no han tenido la oportunidad de ascender. Los hombres tampoco. Pero a menos plazas convocadas, en la universidad y en los centros de investigación y, una vez más, en casi todos los entornos laborales, menos posibilidades tienen las mujeres de hacerse con una de ellas. Cuando se compite por una plaza o por dos, siempre salen elegidos hombres. Si se compite por 10, es posible que dos o tres las logren ellas. Por lo tanto, si no hay más plazas, el porcentaje de mujeres que ascienden permanece aletargado.
Para terminar, dos últimos apuntes. Las mujeres presentan algo más de la mitad (52%) de las solicitudes de ayudas para trabajar como investigadores y el 42% de las destinadas a proyectos de investigación también las piden ellas. Vamos, que es innegable que empeñarse se empeñan. Y nos seguiremos empeñando.

viernes, 10 de febrero de 2017

Los secretos del microbioma humano

Una nueva técnica genómica descubre funciones vitales entre los billones de bacterias que viven en nuestro intestino

Un cultivo de la bacteria E. coli.  AFP/GETTY IMAGES
El microbioma (conjunto de microbios que viven en el intestino humano) se ha estudiado hasta ahora aislando y cultivando bacterias por las técnicas convencionales, lo que tiene el problema de que solo algunas bacterias crecen en cultivo. Ahora, el Proyecto Microbioma Humano usa un enfoque metagenómico, consistente en extraer todo el ADN y secuenciarlo en masa, al estilo de lo que se lleva haciendo unos años con el agua de mar. Los científicos empiezan a descubrir así las enzimas y rutas metabólicas que son importantes para los humanos, sobre todo para generar aminoácidos, los componentes de las proteínas.
La investigación del microbioma no solo tiene un interés básico. La composición de nuestras bacterias intestinales afecta a la maduración del sistema inmune humano, y es un factor relevante en el desarrollo de las enfermedades no solo gastrointestinales, sino también cardiovasculares. Sus relaciones con el cáncer y la diabetes están sometidas a investigación activa.
Emily Balskus y su grupo del departamento de biología química de la Universidad de Harvard, junto a colegas del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts, también en Boston) y el Instituto Broad, uno de los nodos del proyecto genoma, han desarrollado una nueva técnica llamada enzimología genómica, y presentan sus resultados en Science.
Como todo en biología, las enzimas (proteínas que catalizan reacciones químicas) se agrupan en superfamilias, o grandes grupos de decenas de miles de enzimas relacionadas por su origen común. También suelen compartir aspectos de su mecanismo, pero solo en un sentido profundo de su lógica química que no revela de inmediato su función metabólica concreta, su lugar exacto en el laberinto de reacciones que conforma la cocina de cualquier célula viva. Balskus y sus colaboradores han logrado utilizar los datos masivos del metagenoma de 378 personas, y las poderosas matemáticas de la genómica, para averiguar la función exacta de las enzimas más importantes. Esa es la nueva enzimología genómica.
Los investigadores han logrado utilizar los datos masivos del metagenoma de 378 personas, y las poderosas matemáticas de la genómica, para averiguar la función exacta de las enzimas más importantes
La técnica funciona de manera similar a la construcción de un árbol genealógico, y produce redes de similitud de secuencia (sequence similarity networks, SSN). Al igual que el ADN, las proteínas son textos o secuencias, que se pueden comparar entre sí como dos frases o dos cadenas de números. Los algoritmos de comparación generan árboles evolutivos, donde cada rama agrupa unas secuencias tan similares que es muy probable que tengan la misma función. Luego hay que comprobarlo por métodos bioquímicos convencionales, pero la enzimología genómica focaliza mucho el problema hasta hacerlo tratable.
Hay otra peculiaridad de las bacterias que resulta de suma utilidad. Los genes de las enzimas con funciones relacionadas, como las que catalizan sucesivas reacciones de la misma ruta metabólica, están a menudo contiguos en el genoma. Conociendo algo de una ruta metabólica, esto da una pista importante sobre la función de cualquiera de ellas.
Para explicar el hallazgo principal de los científicos de Boston, hay que utilizar un poco de nomenclatura bioquímica, que no es el más atractivo de los géneros literarios. Una de las enzimas clave, hasta ahora desconocida, interviene en la ruta metabólica que produce la L-prolina, un aminoácido fundamental en las proteínas: la enzima se alimenta de un compuesto llamado trans-4-hidroxiprolina, lo deshidrata y lo pone en condiciones de generar la L-prolina. Balskus y sus colegas han comprobado que esa enzima es universal en los microbiomas de todas las personas analizadas.
“El metabolismo de la prolina”, escribe en un comentario Margaret Glasner, del departamento de Bioquímica y Biofísica de la Universidad de Texas A&M, “puede ser un nexo importante entre el microbioma del intestino y la salud humana, porque el metabolismo de ese aminoácido se asocia en humanos con el cáncer y con las respuestas celulares al estrés”.

Nuestra química más fundamental

El trabajo abre perspectivas inexploradas hasta ahora. La enzima de la prolina es la más importante caracterizada, pero es miembro de una superfamilia, muchos de cuyos miembros son también ubicuos en todos los metagenomas analizados. Y la técnica, por otra parte, puede utilizarse para descubrir enzimas en otros contextos, como los suelos contaminados y los ambientes extremos.
El microbioma humano se ha revelado en los últimos tiempos como un colaborador necesario de nuestra química más fundamental. Sin él, de hecho, no seríamos seres vivos autónomos. Nuestras bacterias nos ayudan a metabolizar (transformar) los componentes de la dieta que nosotros no sabemos digerir; sintetiza nutrientes y vitaminas esenciales para el funcionamiento de nuestras células (las vitaminas suelen ser coenzimas, o factores que las enzimas necesitan para su funcionamiento); y gestiona compuestos cuyas combinaciones afectan a la salud. La propensión a la obesidad, por ejemplo, tiene relación con la composición del microbioma.
El Proyecto Microbioma Humano es una iniciativa de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) de Estados Unidos, la locomotora de la investigación biomédica pública mundial. Aunque se fundó en 2008 con fondos (115 millones de dólares) para cinco años, sus muestras y resultados siguen siendo una fuente de exploración, como muestra la investigación actual. Su objetivo es el estudio exhaustivo de las bacterias del intestino, sobre todo en relación con las condiciones patológicas. También incluye las bacterias de la boca, la nariz, la piel y la vagina.

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jueves, 9 de febrero de 2017

¿Está justificada la alerta sobre tostar y el cáncer?

La acrilamida es un compuesto tóxico que se crea al calentar alimentos a altas temperaturas

La acrilamida es una sustancia tóxica a niveles de consumo muy altos. EPV
La acrilamida ha vuelto a salir a la palestra. ¿El motivo? Una reciente campaña de la Food Standards Agency (FSA, Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido) para minimizar la exposición a los niveles “potencialmente tóxicos” de acrilamida.
La acrilamida es un compuesto tóxico que se crea al calentar alimentos a altas temperaturas, como es el caso de frituras, horneados, barbacoas o tostados excesivos. Concretamente esta alerta afecta a aquellos productos que son ricos en hidratos de carbono en su composición.

De ahí que entre los alimentos que suponen una mayor ingesta de acrilamida encontremos ejemplos como el pan, la patata, el café o los cereales de desayuno.
¿Qué problemas puede conllevar un exceso en su consumo?
La acrilamida es una sustancia potencialmente cancerígena, que se ha vinculado con la aparición de distintos tipos de cáncer, aunque eso sí, de manera muy controvertida. Mientras que la FSA advierte del potencial carcinogénico de la acrilamida, otras posturas la consideran exagerada, ya que las cantidades a ingerir deberían ser enormes para suponer un riesgo de cáncer. El organismo de referencia británico, el UK Cancer Research, por ejemplo dice que “es muy pronto para afirmar una relación así”.
A día de hoy el evitar un tostado excesivo parece ser una recomendación coherente considerando otros factores
El debate está abierto, mientras que tenemos estudios que vinculan su presencia con la aparición de cáncer, otros trabajos son mucho más prudentes. Tampoco tenemos claro qué cantidad de acrilamida es tolerable para el ser humano.
En cualquier caso, e independientemente del papel que juegue en concreto la acrilamida, a día de hoy el evitar un tostado excesivo parece ser una recomendación coherente considerando otros factores, como la aparición de compuestos perjudiciales o la destrucción de otros nutrientes y compuestos bioactivos.
Recomendaciones para reducir la exposición a la acrilamida:
La campaña “go for the gold” (ve a por el oro/dorado, en inglés) pretende mantener como mucho el estándar “dorado”, sin llegar al tostado. No superar 170-180ºC para evitar la aparición de tonalidades marrones es uno de los consejos que da la FSA.
Independientemente del nivel de tostado, hay alimentos con acrilamida que no son saludables en sí mismos, como es el caso de las frituras
También lo es el seguir las instrucciones de uso de los alimentos, pauta que puede parecer de cajón, pero que pretende minimizar la aparición de acrilamida en el hogar, por calentamiento prolongado por mantener en exceso las frituras sumergidas.
Sentido común: independientemente del nivel de tostado, hay alimentos con acrilamida que no son saludables en sí mismos, como es el caso de las frituras, alimentos ultraprocesados, empanados para freír o patatas congeladas listas para cocinar.
No es necesario esperar a la aparición de estudios que vinculen compuestos concretos con un mayor riesgo de cáncer. La mayoría de los alimentos y preparaciones en los que puede aparecer la acrilamida no suelen ser los que componen la base de una dieta saludable: frutas, verduras, hortalizas…
Dieta que, por cierto, es una de las responsables directas de la aparición o prevención de cáncer. Cuando hablamos de alimentación y cáncer, no podemos obviar el elefante en la habitación, y recordar por último que los principales factores de riesgo son: alcohol, obesidad, carne roja procesada y ausencia de verduras y hortalizas.
Aitor Sánchez es dietista-Nutricionista, Tecnólogo Alimentario e investigador. Ha publicado recientemente 'Mi dieta cojea'

Así adquirieron las plantas carnívoras su gusto por la carne

Genes relacionados con las defensas y el estrés se reconvirtieron para que estas plantas pudieran digerir insectos

La 'Cephalotus follicularis' es una planta carnívora que solo se da en el sur de Australia. MITSUYASU HASEBE / EL PAÍS VÍDEO
El jarrito enano es una planta carnívora que crece en el sur de Australia. El dulce aroma de su néctar atrae a los insectos que, con la particular forma de jarrón de algunas de sus hojas, quedan atrapados. Lentamente, una enzimas digestivas descomponen al animal en sus nutrientes esenciales, de los que se alimenta la planta. La secuenciación ahora de su genoma ha permitido descubrir cómo esta y otras especies de plantas carnívoras desarrollaron el gusto por la carne.
Charles Darwin parece que no llegó a conocer al jarrito enano (Cephalotus follicularis). A pesar de que en su viaje a bordo del Beagle arribó a la misma zona del sudoeste australiano donde se da esta criatura, en su obra pionera sobre las plantas insectívoras no menciona a esta especie. Pero sí describe muchas otras. Ya entonces, el naturalista inglés vinculó la radical dieta de estos vegetales a una estrategia para sobrevivir a entornos hostiles. Incluso, postuló que estas plantas obtenían sus nutrientes más de la carne de los insectos que del suelo a través de las raíces.
Plantas insectívoras de tres continentes han recorrido el mismo camino evolutivo
"Obtienen en especial nitrógeno y fósforo, nutrientes esenciales para la planta", dice el catedrático de genética de la Universidad de Barcelona, Julio Rozas, "y es la respuesta de las plantas que viven en suelos muy pobres", añade. Rozas forma parte del grupo de científicos que han secuenciado el genoma del jarrito enano. La planta tiene la particularidad de que mientras parte de sus hojas son planas y tienen la tradicional misión de realizar la fotosíntesis, otras se moldean hasta formar el jarro que atrae, atrapa, digiere y absorbe a los insectos. Esta dualidad ha permitido comparar la expresión de los genes en unas hojas y en otras.
La investigación, publicada en Nature Ecology & Evolution, muestra que grupos de proteínas que en origen intervenían en el sistema defensivo del jarrito enano contra patógenos o para lidiar con el estrés vegetal ahora se dedican a producir enzimas digestivas. "Por ejemplo, la quitinasa básica, que descompone la quitina del exoesqueleto de los insectos", comenta Rozas. Otra de las enzimas que ha desarrollado esta planta gracias a genes que han reorientado su misión es la fosfatasa ácida púrpura, que permite a la C. follicularis asimilar el fósforo que roba a sus víctimas.
Los investigadores también compararon las enzimas digestivas del jarrito enano con otras tres especies de plantas carnívoras de otros continentes. Las tres (la asiática Nepenthes alata, la americana Sarracenia purpurea o la también australiana, pero del norte, Drosera adelae) pertenecen a linajes distintos de la C. follicularis y divergieron hace unos 100 millones de años.
Así captura el jarrito enano un quilópodo. NATIONAL INSTITUTE FOR BASIC BIOLOGY
A pesar de la distancia geográfica y evolutiva, las cuatro plantas han modificado casi los mismos genes y han vivido los mismos cambios moleculares. Las cuatro también sufren la misma presión selectiva, crecen en suelos pobres en nutrientes. Esto hace pensar en que la evolución tiene un número limitado de rutas evolutivas a seguir. Se trata de un ejemplo de convergencia evolutiva o evolución en paralelo.
El biólogo de la Universidad de Buffalo (EE UU) y coautor del estudio, Victor A. Albert, participó en 2014 en la secuenciación del genoma del café. Entonces comprobaron esta evolución en paralelo con la cafeína. Presente en el cacao, el té y el café, tres plantas tan separadas entre sí como las carnívoras del presente estudio, la adictiva sustancia se debe al concurso de casi las mismas proteínas en los tres casos. Como dice ahora Albert, "plantas que tienen un conjunto de herramientas genéticas y están tratando de tener la respuesta al problema de cómo convertirse en carnívoras, al final acaban encontrando la misma solución"