miércoles, 24 de julio de 2013
domingo, 30 de junio de 2013

El Gobierno británico da luz verde a la creación de hijos de tres ‘padres’ genéticos
El controvertido tratamiento de fecundación 'in vitro' utiliza el óvulo de una donante sana para evitar que el niño herede enfermedades mitocondriales
Londres prevé que pueda aplicarse en 2015
HEBER LONGÁS / EL PAÍS
El
Gobierno británico ha abierto las puertas por primera vez en el mundo a una
técnica de reproducción asistida que evita la transmisión de las enfermedades
mitocondriales, unas graves y poco frecuentes patologías que se transmiten por
vía materna, y que tiene una curiosa particularidad: los bebés nacidos
gracias a este procedimiento tienen ADN aportado por tres progenitores porque
se usa el óvulo de una donante sana.
El
origen de estas enfermedades está en las mitocondrias, unos orgánulos que
proporcionan energía a las células y que tienen su propio ADN (apenas el 0,2%
de la carga genética total). Si el óvulo —una célula más— tiene mitocondrias
con alteraciones genéticas patógenas, el problema se traslada, tras la
fecundación, a las mitocondrias del bebé. Y como estos orgánulos son las
factorías energéticas de las células, las consecuencias son muy severas, ya que
afectan principalmente a los órganos que más energía necesitan, como el
cerebro, el corazón o los músculos. La incidencia de estas patologías es muy
baja, ronda un caso por cada 6.500 nacidos. De momento, se prevé que el
procedimiento se aplicaría en los casos más graves, quizás una decena al año.
Fuente: elaboración propia.
El
objetivo de la técnica lanzada por el Gobierno británico —aún no probada al completo
en humanos, aunque sí en macacos— consiste en recurrir a un óvulo sano de
donante para aprovechar sus mitocondrias. Sería imposible eliminar una a una
las mitocondrias lesionadas de un óvulo enfermo y sustituirlas por las de otro
sano. En lugar de ello, se vacía el núcleo del óvulo sano —preservando el resto
de la estructura celular— y se sustituye por el del óvulo con mitocondrias
alteradas. De esta forma, el nuevo óvulo resultante lleva todos los cromosomas
de la madre y las mitocondrias sanas de la donante. Y puede ser fecundado en el
laboratorio por los espermatozoides del padre sin riesgo de transmisión de
enfermedad mitocondrial.
Hay
otra forma de hacerlo: se sigue el mismo procedimiento con la diferencia de que
en el intercambio no se usan óvulos, sino núcleos de embriones en sus primeras
fases de desarrollo, por la que ya cuenta con el contenido genético de los dos
padres.
En
ambos casos, hay tres fuentes de ADN: de los padres y de la donante (el 0,2% de
carga genética que se encuentra en las mitocondrias). La técnica, que ha
recibido el preceptivo visto bueno de la Autoridad de Fertilización Humana y Embriología (HFEA en sus
siglas en inglés), podría empezar a aplicarse dentro de dos años si se cumple
el calendario previsto y el Parlamento recibe y aprueba en 2014 la
correspondiente propuesta legislativa.
La
decisión anunciada ayer no ha estado exenta de polémica. Sally Davies, Oficial
Médico Jefe de Inglaterra, recordó el “apoyo generalizado” que trasladaron los
británicos a la consulta elaborada recientemente por la HFEA para saber su
opinión. Sin embargo, el director de la organización Human Genetics Alert,
David King, aseguró que estas técnicas “son innecesarias e inseguras”. “Es un
desastre que una decisión que cruza la línea que nos puede llevar a un mercado
de bebés de diseño se haya tomado en base a una consulta completamente sesgada
e inadecuada”, añadió.
Si en España alguna mujer hubiera solicitado someterse a
este proceso para combatir enfermedades mitocondriales, su petición habría
acabado en la mesa de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida (CNRHA)
para que esta entidad lo autorizara. Y esto no ha sucedido, según fuentes
próximas a este organismo consultivo del Ministerio de Sanidad.
Todos
los procedimientos relacionados con técnicas experimentales de reproducción
asistida, como es el caso, siguen unos cauces específicos. Igual que sucede con
la selección genética de embriones para curar a un hermano mediante trasplante
de médula, si una clínica o un hospital español recibiera una petición de este
tipo, habría de trasladarla a las autoridades sanitarias autonómicas. Estas, a
su vez, la remitirían a la CNRHA. Si su informe fuera positivo, las comunidades
podrían autorizarla. Pero no se ha dado el caso.
Probablemente,
el motivo de ello resida en la baja incidencia que presentan las enfermedades
metabólicas, comenta Carlos Simón, director científico del Instituto Valenciano de Infertilidad,
la red de clínicas de reproducción asistida más extensa de España. “A nosotros
nadie nos ha preguntado por este procedimiento”.
A Li
Hafner, presidenta de la Asociación de Enfermos de Patologías Mitocondriales, con
sede en Sevilla, ayer le dieron “un alegrón”. Hafner, uno de cuyos hijos
falleció por encefalomiopatía mitocondrial, estaba ayer ilusionada. Pero
también contenida. “Es una buena noticia, pero pasará tiempo hasta que el
procedimiento llegue a España; y hay que comprobar aún su eficacia”.
miércoles, 26 de junio de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
jueves, 30 de mayo de 2013
domingo, 26 de mayo de 2013
martes, 14 de mayo de 2013
Nuevo coronavirus: un virus rodeado de incógnitas
Por: Esther Samper | 14 de mayo de 2013
La OMS anunció ayer a los medios de comunicación que el nuevo coronavirus puede trasmitirse entre humanos. Esta nueva cepa de virus, emparentado con el virus causante del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), está bajo la estrecha vigilancia del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la OMS, entre otras muchas instituciones sanitarias.
Desde
que se detectó por primera vez, en junio del año pasado muchas son las
incógnitas que rodean a este particular virus. De momento, hay 2 casos
confirmados de coronavirus en Jordania, 2 en Qatar, 24 en Arabia Saudí, 3 en
Reino Unido, 2 en Francia y 1 en los Emiratos Árabes.
Pese
a pertenecer a la misma familia que el virus causante del SARS, lo cierto es
que genéticamente son muy diferentes, lo que dificulta conocer y predecir su
comportamiento y agresividad. Por esa razón, las instituciones mantienen un
estado de cautelosa vigilancia, a la espera de obtener más datos que aclaren
qué grado de amenaza supone para la humanidad. ¿Cuáles son estos misterios que
rodean a este nuevo virus?
¿Cuál es su origen?
El
nuevo coronavirus se detectó por primera vez en humanos en Arabia Saudí hace
casi un año, pero, aparte de eso, no se sabe mucho más. Virus como los
pertenecientes a la familia de coronavirus suelen circular y trasmitirse de
forma desapercibida entre animales de una misma especie como (cerdos,
murciélagos, aves, ratones, ovejas) hasta que, por cuestiones del azar, unas
determinadas mutaciones permiten a una cepa concreta del virus
"saltar" a otra especie (como el ser humano).
Es
entonces cuando la ciencia médica suele identificar por primera vez este virus
(clasificado como nuevo) al causar enfermedades en el hombre, aunque en
realidad lleve mucho tiempo circulando entre una o más especies animales. Es
fácil de comprender si tenemos en cuenta que los virus circulantes en el mundo
entre todas las especies es como un inmenso iceberg y la ciencia dedica
prácticamente todos sus recursos a investigar la punta visible (aquellos virus
que afectan al ser humano o, como mucho, a animales domésticos). Todo lo demás
suele permanecer bajo la oscuridad.
A
diferencia del SARS, que se dio en países muy poblados de Asia y cuyo origen
parece ser que estuvo en ginetas de un mercado, el nuevo
coronavirus se da en un sitio con una densidad de población muy baja (algo
bastante atípico, porque dificulta mucho la extensión del virus). Además, sigue
siendo un misterio la especie a partir de la cual ha saltado el virus a
humanos, aunque algunos indicios apuntan a que provenga de murciélagos.
¿Cuál es su letalidad?
Hasta
ahora, se han confirmado por laboratorio 34 casos de personas afectadas, de las que 20 han muerto.
Sin embargo, es imprudente tomar estas cifras para valorar la
virulencia real del nuevo coronavirus por varias razones. La
principal, porque en aquellas personas afectadas por este coronavirus de forma
leve, puede pasar como un resfriado, por lo que no se llegan a hacer pruebas de
laboratorio y, por tanto, no se detectan como casos. Las ocasiones en las que
sí se detecta suelen ser cuándo la persona se encuentra en un estado grave (o
hay sospecha de que ha estado expuesto con un caso confirmado) y entonces se
hacen las oportunas pruebas de laboratorio para identificar el agente causante.
Otra
razón por la que desconocemos la agresividad del nuevo coronavirus, es que se
encuentra en una fase muy inicial de su expansión, habiendo afectado a un
número reducido de personas, lo que hace aún más difícil valorar su letalidad.
Además, el primer brote tuvo lugar en un hospital, lo que apunta a que se dio entre
personas más susceptibles a infecciones y complicaciones por tener ya una
enfermedad de base. Todo esto en su conjunto oscurece en gran medida saber la
letalidad del virus. Lo único que está claro es que es mucho menor de lo que
los datos confirmados de laboratorio y los medios de comunicación más
alarmistas indican.
¿Cómo se ha trasmitido el nuevo coronavirus hasta ahora?
La noticia de ayer arroja un poco más de luz al asunto,
al indicar con una alta probabilidad que el virus es capaz de trasmitirse entre
humanos que hayan mantenido un contacto bastante estrecho. Pero, si este parece
ser el caso, ¿cómo ha sido posible que se extendiera en un país con una
densidad de población tan baja como Arabia y después pasara a países como Reino
Unido o Francia? ¿Puede ser que se haya trasmitido la enfermedad de forma
oculta (por no distinguirse de un resfriado) y sólo se esté detectando en los
casos más graves? Es una posibilidad que indica la OMS puesto que se han
detectado 2 miembros de familia afectados por el coronavirus que no habían
tenido relación alguna con los brotes detectados en Arabia. Otra posibilidad es
que una determinada especie animal esté actuando como intermediaria de la
transmisión del virus. Por el momento, se necesita más tiempo para
confirmar o rechazar esta hipótesis y así conocer mejor cómo se trasmite el
virus.
¿Podría causar una pandemia?
De
momento, no se sabe y es algo que la propia OMS está evaluando. Si bien es
cierto que la supuesta baja trasmisión del virus indica que es muy improbable
que pueda causar actualmente una pandemia, pero nadie sabe qué mutaciones puede
adquirir el virus a lo largo de los meses o los años que puedan favorecer su
trasmisión.
Cada
vez que un nuevo virus circula a través de humanos es como si se lanzaran a la
vez millones de dados que podrían dar lugar a unas mutaciones u otras, de las
combinaciones resultantes se determinará que el virus quede en el olvido o
cause una pandemia. Lo importante es estar preparados porque aunque no sepamos,
por cuestiones del azar, si un determinado virus causará una pandemia o no,
sólo hay una cosa extremadamente segura: más tarde o más temprano, una pandemia
llegará (como lo ha hecho cíclicamente en la historia de la humanidad). La gran
cuestión no está en saber si ocurrirá una pandemia, sino en saber cuándo y con
qué virus ocurrirá y si estaremos preparados para ello.
Arriba, vista del hospital de Douai, en el norte de Francia, donde
se informó de casos de infectados. A la derecha, fotografía de virus
(Istockphoto).
domingo, 12 de mayo de 2013
1º BACHILLERATO. PLANTAS TRANSGÉNICAS
Los transgénicos arraigan
Europa bloquea los cultivos modificados, pero estos se expanden en el resto del mundo,Miguel Ángel García Vega Madrid
Las
palabras nunca son inocentes. Terminator. Que una semilla modificada
genéticamente sea conocida en el mercado con este apodo es hacer oposiciones a
su rechazo. Más todavía cuando descubrimos que su gran cualidad es producir una
segunda generación de semillas estériles. Esta tecnología nunca ha llegado al
mercado, a pesar de existir desde la década de los noventa. Pero revela que
cuando hablamos de cultivos genéticamente modificados, el debate lleva a una
trascendencia impensable en otra industria. “¿Hablamos de agricultura o de
religión?”, se cuestiona un experto. Hablamos de un sector que, pese a la
aversión de muchos —gran parte de la Unión Europea—, se extiende por el mundo
como la onda que una piedra deja en un estanque.
En
el planeta ya hay 170,3 millones de hectáreas con cultivos modificados
genéticamente, un 6% más que durante 2011. De hecho, Estados Unidos (69,5
millones de hectáreas), Brasil (36,6), Argentina (23,9) y Canadá (11,6) copan
la superficie plantada. Pero, por vez primera, las naciones en vías de
desarrollo cultivan una superficie mayor (52%) que las desarrolladas (48%).
Este
cambio en el mapamundi agrícola alarma a muchos, alegra a unos cuantos e
inquieta a casi todos. En primer lugar, a la todopoderosa industria alimentaria
estadounidense, que soporta cada vez más presión para que informe en las
etiquetas de sus productos de los contenidos transgénicos. La cadena de
supermercados Whole Foods Market acaba de anunciar que lo hará; eso sí, en
2018. Sin embargo, la idea podría extenderse a todo el sector. Y esto ha
desatado los nervios.
“La
industria hizo todo lo que pudo para evitar el etiquetado, y ahora está
sintiendo las consecuencias: una profunda desconfianza hacia ella y sus
productos. ¿Qué están intentando esconder?”, se pregunta Marion Nestlé,
profesora de Nutrición y Salud Pública de la Universidad de Nueva York. Esta
desconfianza viaja sobre todo a las grandes empresas de cultivos transgénicos:
Monsanto —con fama de defender con fiereza sus patentes frente a los
agricultores—, Dupont, Bayer, Syngenta, Basf y DowAgro Sciences. Entre las seis
controlan la gran mayoría de las patentes e investigaciones genéticas. El
resultado, según la ONG Grain, es dominar el 60% del mercado mundial de las
semillas y el 76% del de agroquímicos.
Esta
concentración genera problemas. “Compañías como Monsanto usan su monopolio
virtual en las semillas para subir los precios de las variedades genéticamente
modificadas y sacar del mercado a muchas —o a todas— de las opciones que no son
transgénicas”, denuncia Jeffrey M. Smith, director del Institute for
Responsible Technology. Es más, añade: “Cuando científicos independientes
encuentran efectos adversos son atacados inmediatamente por los intereses de
las biotecnológicas. Sus datos incriminatorios son distorsionados y
desmentidos, y a menudo tienen que enfrentar despidos o la pérdida de dinero
para sus investigaciones”. Las biotecnológicas niegan este proceder.
Ahora
bien, para comprender de dónde proviene esta desconfianza hay que saber que se
comercializan dos tratamientos genéticos en la agricultura modificada. Uno
aporta resistencia frente a los herbicidas (HT, por sus siglas en inglés) y el
otro protege de los insectos (Bt). Con esta alteración, muchos cultivos pueden
resistir altas dosis de herbicidas, permitiendo al agricultor usar cantidades
elevadas sin matar la cosecha. Lo cual tiene su paradoja. “Después de casi 20
años de investigaciones y miles de millones de euros invertidos, solo han
logrado dos aplicaciones. Desde luego, no parece una gran revolución
biotecnológica”, ironiza Gustavo Duch, coordinador de la publicación Soberanía
alimentaria.
Dentro
de esa esperada revolución, los transgénicos estaban llamados a ser una
herramienta para erradicar el hambre. Sin embargo, las dudas se acumulan. “El
90% de los cultivos transgénicos mundiales se dedica a la colza, el maíz, la
soja y el algodón. Y su destino es el textil industrial y alimentar al ganado.
Pero no llega a las personas”, relata Henk Hobbelink, responsable de Grain.
Tampoco
causa gran tranquilidad saber que algunas de las compañías que fabrican los
herbicidas son las mismas que diseñan las semillas que lo soportan. Monsanto
produce Roundup —un potente herbicida—, a la vez que vende su línea de semillas
Round Ready (soja, algodón, colza, azúcar, alfalfa y maíz), que toleran ese
compuesto químico. “Es como comprar un coche que necesita un mantenimiento
especial y el único taller que lo ofrece es propiedad de la compañía que
fabrica el automóvil. Te dará el servicio, pero generalmente con un recargo”,
explica Andreas Boecker, profesor asociado de Alimentación, Agricultura y
Recursos Económicos de la Universidad de Guelph (Canadá).
En
este momento entra en juego la variable precio. Las semillas modificadas son
más caras que las naturales. Entre un 20% y un 40%, acorde con algunas
estimaciones. Y los ahorros para el agricultor proceden del menor gasto en
pesticidas, maquinaria y mano de obra. “Mi impresión, desde Canadá”, apunta
Andreas Boecker, “es que muchos agricultores ven las empresas biotecnológicas
como socios que les ayudan a mejorar los resultados de la explotación”.
No
todo el campo lo entiende igual. Cuando los agricultores compran algunas de
estas semillas, relatan en la industria, firman un acuerdo que establece que no
pueden guardar simientes para resembrar. Así, deben comprar semillas nuevas
cada año.
En
esta situación, el agricultor, más pronto que tarde, se enfrenta al dilema de
hacerse transgénico o no. Con lo que esto representa. “Nuestros agricultores
son hombres de negocios independientes que tomarán sus decisiones en función de
lo que es mejor para sus mercados e ingresos”, reflexiona Scott Yates, miembro
de Washington Grain Commission, peso pesado en los cereales estadounidenses que
respalda los cultivos modificados.
En
el otro lado del mundo, la Unión Europea representa un papel, al menos,
desconcertante. Solo permite dos cultivos. Un tipo de pata (Amflora, creada por
Basf) y una clase de maíz (Mon 810, diseñado por Monsanto), que es resistente a
la plaga del taladro. Pero da el plácet a la importación de 45 productos. Así
que nos manejamos en la paradoja de que los agricultores españoles tienen que
competir contra esa puerta abierta a las importaciones. Y esto lo sufren, por
ejemplo, en los algodonales andaluces y en los maizales castellanos, donde para
algunos sí encajan estos cultivos. “En España, la superficie aumenta, y eso que
solo nos dejan cultivar maíz. Si no fuera así, también tendríamos algodón, que
soporta altas plagas y donde hay que actuar con fitosanitarios”, apunta José
Ramón Díaz, técnico de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja).
Aunque
quizá tampoco hay tanto motivo para la queja. “España es el décimo país del
mundo que más superficie (116.307 hectáreas) dedica a maíz transgénico
(Bt), lo que supone el 90% de los cultivos en Europa de este tipo”, observa
Soledad de Juan Arenchederra, directora de la Fundación Antama. Y eso que vamos
en dirección contraria. Pues Francia, Alemania, Hungría, Austria, Grecia,
Bulgaria y Luxemburgo prohíben nuestro maíz.
Frente
a los obstáculos, las grandes biotecnológicas se están yendo a Latinoamérica en
busca de negocio. “Europa va a perder una ventaja competitiva brutal en
comparación con otras áreas del planeta”, argumenta Isabel García, secretaria
general de la patronal biotecnológica Asebio.
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